El 8 de marzo no nació como una celebración, sino como una fecha ligada a protestas laborales y políticas impulsadas por mujeres a principios del siglo XX. Su origen se encuentra en el movimiento obrero y en las primeras luchas por derechos básicos como el voto, mejores condiciones de trabajo y participación política.
Uno de los antecedentes más claros ocurrió en 1909, cuando en Nueva York se organizó el primer “Día Nacional de la Mujer”, convocado por activistas que buscaban visibilizar las condiciones laborales de miles de trabajadoras industriales. Aquella jornada incluyó reuniones y manifestaciones para exigir derechos políticos y laborales.
El paso decisivo llegó en 1910, durante la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague. En ese encuentro, la dirigente alemana Clara Zetkin propuso crear una jornada internacional de lucha por los derechos de las mujeres. La propuesta fue aprobada por delegadas de 17 países y abrió la puerta a movilizaciones coordinadas en distintas partes del mundo.
Poco después comenzaron a organizarse las primeras conmemoraciones internacionales. En 1911 se realizaron manifestaciones masivas en países europeos como Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, donde cientos de miles de mujeres participaron en mítines para exigir sufragio femenino y mejores condiciones laborales.
La fecha del 8 de marzo quedó fijada definitivamente tras las protestas de mujeres trabajadoras en Petrogrado, Rusia, en 1917. Ese día miles de obreras salieron a las calles con consignas de “pan y paz”, en medio de la crisis provocada por la Primera Guerra Mundial. La movilización detonó una ola de huelgas que terminaría provocando la caída del zar Nicolás II y el reconocimiento del derecho al voto para las mujeres rusas.
Décadas más tarde, la conmemoración fue adoptada oficialmente por la comunidad internacional. En 1975, durante el Año Internacional de la Mujer, las Naciones Unidas comenzaron a celebrar formalmente el 8 de marzo, y en 1977 invitaron a los países miembros a reconocer la fecha como jornada dedicada a los derechos de las mujeres y la igualdad.
El 8M en México
En México, las primeras marchas feministas comenzaron a tomar forma en la década de 1970, en un contexto de cambio social marcado por el movimiento estudiantil de 1968 y por el surgimiento de colectivos que cuestionaban la desigualdad de género en la vida pública y laboral.
Un momento simbólico ocurrió en 1975, cuando la Ciudad de México fue sede de la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer organizada por Naciones Unidas. A partir de entonces, el 8 de marzo empezó a consolidarse como una fecha de movilización en el país.
Durante décadas las marchas fueron relativamente pequeñas y organizadas principalmente por colectivos feministas y académicos. Sin embargo, a partir de la década de 2010 comenzaron a crecer de manera significativa. Las movilizaciones recientes han reunido a decenas de miles de mujeres en ciudades como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, con demandas centradas en violencia de género, feminicidios, igualdad laboral y derechos reproductivos.
Hoy el 8M se ha convertido en una de las jornadas de movilización social más visibles del país. Cada año miles de mujeres toman las calles no para conmemorar una efeméride simbólica, sino para continuar una tradición de protesta que comenzó hace más de un siglo en fábricas, huelgas y reuniones políticas organizadas por trabajadoras que buscaban algo que en ese momento parecía radical: igualdad ante la ley y en la vida cotidiana.