En el marco del 461 aniversario luctuoso de Vasco de Quiroga, se recuerda su fallecimiento ocurrido en 1565 en la ciudad de Uruapan, Michoacán, durante una visita pastoral, así como el sitio donde actualmente reposan sus restos, uno de los referentes históricos y religiosos más importantes del estado.
Vasco de Quiroga fue un jurista, humanista y religioso español que llegó a la Nueva España en el siglo XVI, donde fue nombrado primer obispo de Michoacán. Su labor se enfocó en la organización social, la evangelización y la creación de comunidades estructuradas bajo principios de educación, trabajo y asistencia a los pueblos indígenas.
De acuerdo con registros históricos y conmemoraciones locales, murió el 14 de marzo de 1565 en Uruapan a los 95 años de edad, tras desempeñarse como una de las figuras clave en la consolidación del sistema eclesiástico y social en la región purépecha.
Tras su fallecimiento, su cuerpo fue trasladado a Pátzcuaro, donde actualmente se encuentran sus restos en el mausoleo ubicado dentro de la Basílica de Nuestra Señora de la Salud, sitio que forma parte del patrimonio histórico y religioso asociado a su legado en la entidad.
En Uruapan, donde ocurrió su muerte, distintos actos cívicos y culturales recuerdan de forma periódica su figura, al tratarse de una de las personalidades clave en la construcción del Michoacán virreinal y en la organización social de los pueblos originarios durante el periodo colonial.
Su legado incluye la fundación de los llamados hospitales-pueblo, modelos comunitarios en los que se combinaban la atención médica, la educación y el trabajo colectivo, además de la promoción de oficios artesanales que aún forman parte de la identidad cultural del estado. Fue conocido históricamente como “Tata Vasco” por las comunidades indígenas debido a su cercanía y labor social.