A dos años de la desaparición de José Gabriel Pelayo Salgado, familiares y colectivos se reunieron en el quiosco de la Plaza de Armas de Morelia para exigir avances reales en la investigación. El caso no corresponde al de una persona desconocida en la región: Pelayo era maestro rural, originario de Coahuayula, en Chinicuila, y era identificado por su trabajo en la defensa del territorio y del medio ambiente en la Sierra-Costa de Michoacán.
Pelayo fue visto por última vez el 19 de marzo de 2024 en Coalcomán. La ficha de búsqueda emitida entonces por la Fiscalía estatal señaló que desapareció alrededor de las 10:30 de la mañana; de acuerdo con sus familiares, había acudido a ese municipio procedente de Chinicuila para dejar a su esposa en la terminal de autobuses. Desde ese momento se perdió comunicación con él.
Durante el acto realizado este jueves en Morelia, su hija Yulissa Pelayo encabezó el pronunciamiento público con una pregunta directa: “¿Dónde está José Gabriel Pelayo?”. En la lectura del posicionamiento, también se insistió en que el expediente sigue sin resultados verificables sobre su paradero y en que el caso continúa abierto en medio de una falta de respuesta institucional que la familia considera insuficiente.
La relevancia del caso también está ligada al perfil de Pelayo en su región. Además de su labor como docente, era integrante del Consejo Popular de Chinicuila y participaba en la defensa de tierras comunales, flora y fauna locales. Sus familiares y organizaciones que lo acompañan han sostenido que ese trabajo de defensa territorial lo colocó durante años en un entorno de riesgo en una zona marcada por la presencia de grupos armados y por conflictos ligados al control del territorio.
En el pronunciamiento de este 19 de marzo también se recordó que, tras su desaparición, comunidades cercanas fueron sometidas a episodios de violencia armada, con reportes de ataques y desplazamiento de población en esa franja de la Sierra-Costa. En ese mismo contexto, se señaló que la vida comunitaria en la zona no ha vuelto a la normalidad y que persisten condiciones adversas para quienes sostienen labores de defensa social y ambiental.
La exigencia en Morelia, por tanto, no fue solo una conmemoración del aniversario. Fue la reiteración de una demanda puntual: que las autoridades retomen con seriedad las líneas de investigación y den resultados sobre la localización de un maestro y defensor ambiental cuyo caso sigue sin resolverse dos años después de su desaparición en Coalcomán.