Israel bombardeó una instalación de Hezbolá en el sur de Líbano, lo que puso en duda la estabilidad del alto el fuego.
Según el ejército israelí, el ataque frustró una “amenaza terrorista” al destruir un almacén de cohetes de medio alcance.
El alto el fuego fue mediado por Francia y Estados Unidos y permitió a decenas de miles de libaneses regresar a sus hogares en medio de la devastación.
Sin embargo, las fuerzas armadas de Líbano aún no avanzan hacia zonas bajo control israelí, un punto del acuerdo que estipula un retiro de Israel durante los próximos 60 días.
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El líder de Hezbolá, Hasán Fadlalá, aseguró que cooperan con el despliegue militar libanés y negó la existencia de “bases o armas visibles” en el sur.
El conflicto dejó un saldo de al menos tres mil 961 muertos en Líbano y 129 en Israel, entre civiles y militares.
Mientras tanto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, endureció su postura, al advertir que cualquier violación de la tregua por parte de Hezbolá resultará en una “guerra intensiva”.
Irán, por su parte, fue señalado como el principal proveedor de armamento de Hezbolá y sostiene un programa nuclear que, según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), está cerca de fabricar una bomba.