La posibilidad de que la empresa china BYD construyera una fábrica en México ha quedado en suspenso debido a la creciente tensión comercial entre Estados Unidos y China, impulsada por la política arancelaria del presidente Donald Trump.
El proyecto, que habría generado 10 mil empleos y representado una inversión de 600 millones de dólares, se ha visto afectado por la incertidumbre en la relación bilateral.
El gobierno mexicano, encabezado por Claudia Sheinbaum, ha optado por no promover activamente inversiones chinas para evitar conflictos con su principal socio comercial, Estados Unidos.
Cindy Blanco, secretaria de Desarrollo Económico de Jalisco, reconoció que el país busca una agenda alineada con la estadounidense, lo que ha llevado a un distanciamiento con China en materia de inversiones.
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Por su parte, China también ha ralentizado su interés en México, privilegiando inversiones en países como Perú, donde el gobierno ha mostrado mayor receptividad.
Mientras tanto, el Ministerio de Comercio chino ha retrasado la aprobación de la planta de BYD en territorio mexicano, temiendo que la tecnología pueda filtrarse a Estados Unidos.
A pesar de que en los últimos años la inversión china en México había crecido significativamente, las nuevas tensiones geopolíticas han generado un freno en este proceso.
Trump ha advertido que los aranceles del 25 % a productos mexicanos entrarán en vigor el 2 de abril, lo que ha generado incertidumbre entre las empresas chinas que habían apostado por establecer operaciones en el país.