La Antártida ha perdido más de 12 mil 800 kilómetros de su línea de apoyo la zona de transición que separa el hielo asentado en tierra del que flota en el mar, durante los últimos 30 años, un fenómeno asociado al impacto del cambio climático y que evidencia transformaciones significativas en algunas regiones del continente helado.
Así lo revela un estudio encabezado por la Universidad de California y publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, el cual analizó la evolución de la capa de hielo antártica entre 1992 y 2025 mediante datos de 15 misiones satelitales.
De acuerdo con el investigador principal del estudio, Eric Rignot, en el 77 por ciento de la costa del continente no se registraron cambios significativos. Sin embargo, en el 23 por ciento restante el retroceso fue rápido y notable, lo que atribuyó directamente al cambio climático.
“Es una buena noticia que el 77 por ciento no haya cambiado; las cosas podrían ser peores, pero en los lugares donde sí ha cambiado el retroceso ha sido impresionante”, explicó el científico.
Retrocesos de hasta 40 kilómetros
El estudio detectó retrocesos especialmente marcados en zonas de la Antártida Occidental, donde algunos glaciares se desplazaron entre 10 y más de 40 kilómetros hacia el interior del continente. En estas áreas vulnerables, la pérdida de hielo equivaldría aproximadamente a diez veces el tamaño de la ciudad de Los Ángeles.
Entre los glaciares con mayores cambios destacan el Glaciar Thwaites, que retrocedió 26 kilómetros; el Glaciar Smith, con 42 kilómetros; y el glaciar de la isla de Ina, que perdió 33 kilómetros de extensión.
Los investigadores también detectaron retrocesos significativos en regiones cercanas al mar de Amundsen, el mar de Bellingshausen y la plataforma de hielo Getz, así como en sectores del noreste y suroeste de la península Antártica y en las tierras de Wilkes y George V, en la Antártida Oriental.
Según los especialistas, la mayoría de los retrocesos se explica por la intrusión de agua oceánica más cálida debajo de las capas de hielo, un fenómeno impulsado por cambios en los patrones de viento asociados al calentamiento global.
“En algunos lugares donde el cambio climático ha afectado duramente, la Antártida ha respondido de forma drástica, más bien como un castillo de naipes”, explicó Rignot, quien también es investigador en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.
No obstante, los científicos señalaron que algunos cambios detectados en el noreste de la península Antártica aún no tienen una explicación clara y continúan bajo estudio.
La investigación se basó en información recopilada por diversas misiones satelitales, incluyendo sistemas comerciales de radar de apertura sintética que han ampliado la capacidad de observación polar desde el espacio.
Rignot destacó que el sector comercial vive un auge tecnológico que está transformando la investigación científica. “Ofrece capacidades de observación y flexibilidad que superan con creces lo que han proporcionado las agencias espaciales; se trata de un cambio de paradigma”, afirmó.
Los científicos consideran que los resultados de este estudio servirán como referencia para mejorar las proyecciones sobre la futura pérdida de hielo en la Antártida y sus posibles efectos en el aumento del nivel del mar a nivel global.