El príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, habría ejercido presión en privado sobre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que continúe la ofensiva militar contra Irán en Medio Oriente, de acuerdo con un reporte publicado por el diario The New York Times. La información, basada en fuentes cercanas a las conversaciones, indica que el liderazgo saudí considera que la situación actual representa una oportunidad estratégica para debilitar la influencia iraní en la región y reforzar su posición frente a otros actores.
Según el informe, el príncipe saudí habría planteado que la prolongación de las acciones militares podría modificar de manera significativa el equilibrio geopolítico en Medio Oriente, especialmente en territorios donde Irán mantiene presencia directa o mediante grupos aliados. En ese sentido, Arabia Saudita buscaría consolidar su papel como uno de los principales actores regionales, mientras continúan las tensiones derivadas de los enfrentamientos y las decisiones adoptadas por distintas potencias involucradas.
El conflicto, intensificado desde finales de febrero de 2026, ha incluido ataques a infraestructura estratégica, instalaciones energéticas y posiciones militares en varios puntos del Golfo Pérsico, lo que ha derivado en una cadena de represalias por parte de Irán. Estas acciones han generado un aumento sostenido de la tensión en la región, así como efectos en los mercados internacionales de energía, debido a la relevancia de esta zona para la producción y distribución de hidrocarburos a nivel global.
Reportes previos de distintos medios internacionales también han señalado que tanto Arabia Saudita como Israel habrían influido en la postura inicial de Washington frente a Irán, particularmente durante las semanas previas al inicio de los ataques. Estas gestiones se habrían llevado a cabo mediante contactos de alto nivel con funcionarios estadounidenses, con el objetivo de alinear intereses frente a la creciente presencia iraní en distintos puntos de Medio Oriente.
En paralelo, la postura del gobierno estadounidense ha mostrado variaciones respecto a la continuidad de la ofensiva. Mientras se han mantenido operaciones militares en curso, también se han registrado señales de apertura hacia posibles negociaciones con Teherán, incluyendo la suspensión temporal de algunos ataques para explorar canales diplomáticos que permitan reducir la escalada.
La participación de Arabia Saudita en esta situación ha generado atención internacional sobre el alcance de su influencia en la política exterior de Estados Unidos, así como sobre su papel en el desarrollo de un conflicto que continúa sin una resolución clara en el corto plazo y que mantiene en alerta a diversos actores internacionales ante el riesgo de una mayor escalada.