Arabia Saudita se posiciona en el panorama internacional con base en una ambiciosa estrategia de “colonización” económica que parte de su poderío petrolero, ya que es el primer exportador mundial del hidrocarburo.
La nación de Oriente Medio se ha convertido en un actor clave en el mapa empresarial, financiero y geopolítico en el mundo, con inversiones millonarias en sectores que van desde la tecnología, pasando por deportes como el futbol, golf y artes marciales.
Su objetivo es diversificar su economía y adaptarse a los cambios que se están experimentando con respecto al enfoque energético global que busca dejar de lado a los combustibles fósiles y convertir la economía global a energías limpias.
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En un entorno de incertidumbre política y económica, marcado por tensiones entre naciones, el mundo volteó a ver al país Árabe como una fuente inagotable de dinero; su potencial económico le ha servido para suavizar las críticas por el trato de los derechos humanos.
En el panorama se vislumbra Arabia Saudita como un actor importante en la toma de decisiones geopolíticas y económicas, y probablemente no sorprenda una posible escalada de poder e influencia global en un futuro próximo.