El uso terapéutico de la lectura, conocido como biblioterapia, ha ganado reconocimiento en distintos países como Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y algunas naciones de Europa y Asia, donde incluso ha sido incorporado como apoyo complementario en tratamientos de salud mental.
En Canadá, guías clínicas en salud mental han señalado que la biblioterapia puede utilizarse como tratamiento de segunda línea en casos de depresión leve a moderada, ya sea de forma individual o en combinación con otros enfoques médicos. También se ha documentado su uso en intervenciones para la ansiedad, el estrés postraumático y trastornos obsesivo-compulsivos, con mejoras en síntomas mediante programas autodirigidos o de lectura guiada.
En el Reino Unido, organizaciones comunitarias han destacado beneficios asociados a la lectura, como la reducción del estrés, el apoyo a la memoria y la posibilidad de desconexión emocional del entorno cotidiano.
El concepto de biblioterapia tiene antecedentes históricos que se remontan a principios del siglo XX, cuando fue descrito por el ensayista Samuel Crothers en 1916, aunque el uso de la lectura con fines terapéuticos ya se practicaba en hospitales psiquiátricos y militares desde el siglo XIX.
La lectura puede tener efectos positivos en la salud mental, incluyendo la reducción de síntomas de depresión y ansiedad en distintos grupos de edad, con beneficios sostenidos en el tiempo cuando se mantiene la práctica.
En paralelo, se ha observado un incremento en los hábitos de lectura entre jóvenes adultos, especialmente en la Generación Z y los millennials, quienes reportan una preferencia por libros físicos y un promedio de entre 3 y 5 libros leídos al año en distintos estudios de consumo cultural en América del Norte.
Este aumento también se refleja en la expansión de clubes de lectura, que han evolucionado desde sus formas tradicionales hacia modelos más diversos y adaptados a nuevas dinámicas sociales. Entre los jóvenes, una proporción significativa participa en estos espacios, donde se combinan lectura, conversación y socialización.
En Canadá y Estados Unidos, una parte de estos clubes ha adoptado formatos innovadores como los clubes de lectura silenciosa, donde los participantes leen en grupo en espacios públicos y posteriormente deciden si interactúan o no, modelo que ha crecido a nivel internacional con presencia en múltiples países, incluido México.
Además, han surgido clubes de lectura enfocados en intereses específicos, identidades sociales o géneros literarios, lo que ha ampliado el alcance de estas prácticas entre distintos sectores de la población joven.