El proceso de clausura definitiva del antiguo basurero municipal de Villamar registra avances significativos, luego de que autoridades ambientales verificaran los trabajos realizados para mitigar los efectos que durante años generó el sitio de disposición de residuos.
Las acciones se desarrollan después de que el municipio dejó de utilizar el tiradero y comenzó a trasladar sus residuos sólidos urbanos al Centro Intermunicipal para el Tratamiento Integral de Residuos Sólidos (CITIRS), ubicado en el vecino municipio de Sahuayo.
De acuerdo con especialistas en manejo de residuos, el cierre de un basurero no concluye cuando deja de recibir desechos. La normatividad ambiental establece que estos espacios deben someterse a un proceso de saneamiento para reducir riesgos de contaminación del suelo, agua y aire, además de evitar afectaciones a las comunidades cercanas.
Durante una reciente inspección se constató que gran parte de los residuos acumulados ya fueron compactados y cubiertos con material de protección, una medida que ayuda a disminuir la dispersión de basura, controlar malos olores y reducir la presencia de fauna nociva.
Asimismo, se colocó señalización preventiva en los accesos para impedir que habitantes continúen depositando desperdicios en el lugar, una práctica que podría comprometer los trabajos de clausura y prolongar los riesgos ambientales.
El antiguo tiradero operó durante varios años como sitio de disposición final de los residuos generados en Villamar. Sin embargo, con la incorporación del municipio al esquema regional de tratamiento de residuos, las autoridades iniciaron el procedimiento para cerrar definitivamente el espacio y adecuarlo a los lineamientos establecidos por la Norma Oficial Mexicana NOM-083-SEMARNAT-2003.
Expertos señalan que una vez concluida la clausura física del sitio deberá transcurrir un periodo de estabilización ambiental durante el cual se monitorearán factores como la generación de lixiviados, emisiones de gases y asentamientos del terreno.
Posteriormente, el predio podría ser evaluado para determinar posibles usos futuros, siempre que las condiciones ambientales y de seguridad lo permitan. En distintas regiones del país, antiguos basureros saneados han sido transformados en áreas verdes, espacios recreativos o zonas de conservación.