El aterrizaje de un avión militar estadounidense C-130J Super Hercules en el Aeropuerto Internacional de Toluca, el pasado 17 de enero, llamó la atención por tratarse de una aeronave utilizada comúnmente en operaciones tácticas, misiones especiales y despliegues logísticos de alto nivel.
De acuerdo con plataformas de seguimiento aéreo, el avión despegó de la base aérea Dyess AFB, en Estados Unidos, y su señal dejó de ser visible al aproximarse a Toluca. Los registros aclaran que la ruta mostrada corresponde a una estimación y no refleja con exactitud el trayecto real del vuelo, lo que incrementó la especulación en torno a su arribo.
El C-130J Super Hercules, fabricado por Lockheed Martin, es una de las aeronaves más versátiles de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Cuenta con cuatro motores turbohélice de seis palas, fuselaje reforzado y una rampa trasera que permite el traslado rápido de carga, personal o equipo especializado, tanto en escenarios militares como en operaciones humanitarias.
La llegada del avión ocurre en un momento sensible, marcado por el reforzamiento de acciones de Estados Unidos contra grupos criminales con presencia en el Estado de México, en particular contra La Nueva Familia Michoacana, organización señalada por actividades de alto impacto en la región.
Aunque hasta el momento no se ha informado oficialmente sobre el motivo del aterrizaje ni sobre la duración de la estancia de la aeronave, el hecho reavivó cuestionamientos sobre la cooperación bilateral en materia de seguridad y el papel de fuerzas extranjeras en territorio mexicano.