Bad Bunny hace historia en los Grammy y lidera una gala marcada por la protesta contra el ICE
evangelio | 2 febrero, 2026

La 68ª edición de los Premios Grammy quedará registrada como una de las más políticas y simbólicas de los últimos años, con un protagonista indiscutible: Bad Bunny. El artista puertorriqueño alcanzó un hito sin precedentes al ganar el Grammy a álbum del año, la categoría más prestigiosa de la noche, con DeBÍ TiRAR MáS FOToS, convirtiéndose en el primer álbum completamente en español en obtener este reconocimiento.

El triunfo de Bad Bunny sorprendió al imponerse sobre producciones consideradas favoritas, como Mayhem de Lady Gaga y Swag de Justin Bieber. Además, el cantante sumó otros dos galardones a su carrera: mejor álbum de música urbana y mejor interpretación de música global por el tema EoO, consolidando su impacto internacional.

Más allá de los premios, el artista protagonizó uno de los momentos más contundentes de la gala al lanzar un mensaje político directo desde el escenario. “Antes de dar gracias a Dios, voy a decir: fuera ICE”, expresó, en referencia al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos. Sus palabras resonaron especialmente en un contexto de fuerte tensión social y a solo una semana de su participación en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl.

Aunque Bad Bunny fue una de las figuras centrales, el artista más galardonado de la noche fue, por segundo año consecutivo, Kendrick Lamar. El rapero californiano obtuvo cinco premios y superó el récord histórico de Jay-Z, alcanzando un total de 27 gramófonos. Lamar ganó, entre otros reconocimientos, el premio a grabación del año por Luther, su colaboración con SZA, galardón que recibió de manos de Cher, quien protagonizó un momento de confusión al mencionar el nombre del cantante Luther Vandross en lugar del título de la canción. El rapero tomó el error con humor y explicó que Vandross es una de sus mayores influencias, razón por la cual incluyó un sample de If This World Were Mine en el tema ganador.

Otra de las sorpresas de la noche fue Billie Eilish, quien se alzó con el Grammy a canción del año por WILDFLOWER, reconocimiento que distingue a los compositores. Por su parte, Lady Gaga amplió su legado al sumar dos nuevos premios a su trayectoria: mejor álbum pop vocal por Mayhem y mejor grabación de música dance por Abracadabra.

La ceremonia estuvo atravesada por un fuerte posicionamiento político colectivo, especialmente contra las políticas migratorias y el ICE, en un momento de indignación social tras la muerte de dos manifestantes durante protestas contra redadas migratorias en Mineápolis. Desde la alfombra roja, artistas como Billie Eilish, Lady Gaga y Justin Bieber lucieron pins reivindicativos, mientras que los discursos de aceptación reforzaron el mensaje.

Bad Bunny volvió a tomar la palabra para llamar a enfrentar el odio con amor y dignidad. “No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens; somos humanos y somos americanos”, afirmó. En la misma línea, Olivia Dean, ganadora al premio a mejor artista nuevo, destacó el valor de la migración al recordar sus propias raíces familiares y el legado de quienes cruzaron fronteras antes que ella.

La gala también destacó por sus actuaciones en vivo. Bruno Mars y Rosé abrieron la noche con una presentación explosiva, seguidos por Sabrina Carpenter, quien transformó el escenario en un aeropuerto y, vestida de azafata, interpretó Manchild con humor y teatralidad. Lola Young protagonizó uno de los momentos más emotivos al ganar el premio a mejor actuación pop en solitario por Messy, ofreciendo un discurso espontáneo y autocrítico que conectó con el público.

Entre los discursos más comentados estuvo el de Jelly Roll, quien habló abiertamente de cómo la religión lo ayudó a reconstruir su vida y dejó una reflexión que cruzó lo espiritual y lo político al asegurar que “Jesús no pertenece a ningún partido político”. Cher, por su parte, recibió una ovación al aceptar un premio a la trayectoria y recordó que, incluso en tiempos difíciles, la música sigue siendo una fuerza capaz de sanar y unir, aunque volvió a generar sonrisas al olvidar momentáneamente que aún debía entregar otro galardón antes de abandonar el escenario.

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