Belém se convierte en epicentro climático
evangelio | 9 noviembre, 2025

La humedad del río Guamá se mezcló este domingo con el aire expectante de miles de delegados, activistas y científicos que comenzaron a llenar el centro de convenciones de Hangar, en plena Amazonia. Brasil abre oficialmente la COP30, la conferencia más simbólica y más tensa de los últimos años: aquella donde el mundo llega, otra vez, con retraso frente a la crisis climática.

A más de tres décadas de la Cumbre de Río de 1992, que dio origen al sistema climático de Naciones Unidas, el país anfitrión busca reposicionarse como referente ambiental y diplomático. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha prometido hacer de esta COP “la conferencia de la implementación”, un punto de inflexión entre los discursos y los hechos. Sin embargo, los datos no acompañan el optimismo: 2025 será, casi con certeza, el año más cálido desde que existen registros y el planeta ya ha superado los 1.4 °C de calentamiento global.

La tensión se centra en el financiamiento. Los países en desarrollo exigen el cumplimiento de los 100,000 millones de dólares anuales comprometidos por las economías ricas desde 2009 y la creación de un fondo de pérdidas y daños que funcione realmente. “No necesitamos más promesas vacías, necesitamos dinero, tecnología y justicia”, declaró hoy la ministra de Medio Ambiente de Brasil, Marina Silva, al inaugurar la cumbre junto al secretario general de la ONU, António Guterres.

El escenario no es casual: la Amazonia, pulmón del planeta, perdió más de 12,000 kilómetros cuadrados de cobertura forestal en la última década. A pesar de los esfuerzos brasileños por reducir la deforestación en 42 % durante el último año, los incendios y la minería ilegal continúan avanzando. “Traer la COP a la selva es una advertencia”, afirmó Guterres. “La destrucción de la Amazonia es una sentencia de muerte para la estabilidad climática global”.

Los negociadores discutirán durante dos semanas la revisión de las contribuciones nacionales, la transición energética justa y el nuevo pacto financiero global. Pero detrás de los micrófonos, las divisiones persisten: mientras la Unión Europea presiona por recortes más ambiciosos, Estados Unidos insiste en un modelo “realista” de reducción gradual y China exige respeto al principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas.

Belém, la ciudad que alguna vez fue símbolo del auge del caucho, se convierte ahora en símbolo del agotamiento de la paciencia. “No hay transición verde sin la Amazonia viva”, repiten los carteles en la explanada. La pregunta es si los acuerdos que nazcan de esta COP podrán cambiar el rumbo o serán, otra vez, palabras ahogadas por el calor.

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