Las altas temperaturas pueden empeorar los síntomas de enfermedades respiratorias como el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). La evidencia científica relaciona los episodios de calor extremo con un aumento de las crisis respiratorias y la demanda de atención médica.
En el caso del asma, el estudio titulado “Clima extremo y asma: revisión sistemática y metaanálisis” encontró que las olas de calor se asociaron con un aumento de 18% en el riesgo de acudir a urgencias por esta enfermedad.
El riesgo puede aumentar cuando las temperaturas elevadas coinciden con contaminación atmosférica. El ozono y otras partículas contaminantes pueden irritar las vías respiratorias y favorecer síntomas como tos, opresión en el pecho y dificultad para respirar.
La EPOC también puede agravarse durante periodos de temperaturas extremas. El estudio “Riesgo de EPOC por exposición a temperaturas extremas”, publicado en 2025, revisó evidencia epidemiológica sobre los efectos del calor y el frío en personas con esta enfermedad y encontró una relación entre las temperaturas elevadas y un mayor riesgo de complicaciones y muerte.
Otra revisión reciente, “Exposición al calor y resultados de salud en enfermedades respiratorias”, señala que el asma es una de las enfermedades respiratorias con evidencia más consistente sobre los efectos negativos de la exposición al calor.
Ante temperaturas elevadas, se recomienda reducir la exposición prolongada al calor, mantenerse hidratado, evitar actividad física intensa durante las horas de mayor temperatura y prestar atención a cambios en la respiración. Las personas con enfermedades respiratorias deben mantener sus tratamientos indicados y buscar atención médica ante síntomas intensos o que empeoren.