Cartera “de cuero de Tiranosaurio rex” genera debate entre ciencia y biotecnología
evangelio | 3 abril, 2026

Una cartera presentada en el museo Art Zoo de Ámsterdam fue lanzada como una pieza hecha con “cuero de Tiranosaurio rex”, pero lo que realmente muestra no es el regreso material de un depredador del Cretácico, sino el cruce entre biotecnología, diseño de lujo y una narrativa comercial que ya empezó a incomodar a la comunidad científica. La pieza, de color turquesa, fue desarrollada por Lab-Grown Leather, The Organoid Company y la agencia creativa VML, y permanecerá en exhibición antes de salir a subasta con un precio estimado superior a los 500 mil dólares.

De acuerdo con los impulsores del proyecto, el material no proviene de piel fósil ni de ADN recuperado. El proceso consistió en tomar fragmentos antiguos de proteína asociados a fósiles de Tiranosaurio rex, reconstruir una secuencia de colágeno mediante modelado computacional e introducir ese diseño en células huésped para producir una matriz biológica que después fue transformada en un material tipo cuero. La propuesta busca demostrar que la ingeniería celular puede generar alternativas al cuero tradicional con menor impacto ambiental.

Ahí es donde comienza la tensión con la ciencia. Especialistas en paleontología y biología evolutiva, entre ellos investigadores como Melanie During y Thomas Holtz Jr., han cuestionado la precisión del término “cuero de T. rex”. La objeción es técnica: el colágeno detectado en fósiles de dinosaurio sobrevive, en el mejor de los casos, en fragmentos muy limitados. Eso no permite reconstruir piel, tejido ni la estructura biológica completa del animal. Lo que se obtiene es una aproximación molecular, no una recuperación del organismo.

Esto no invalida el avance biotecnológico. En años recientes, estudios han demostrado que ciertas proteínas pueden persistir durante millones de años bajo condiciones específicas, y se han documentado hallazgos de colágeno en restos de dinosaurios de aproximadamente 66 millones de años. Sin embargo, la existencia de esos fragmentos no equivale a recrear un material biológico original, sino a utilizar una referencia parcial para diseñar uno nuevo.

La pieza funciona más como una demostración de laboratorio que como una recuperación del pasado. Un objeto construido a partir de una huella molecular antigua, reinterpretada con herramientas contemporáneas, que en el proceso cruza una línea delicada entre precisión científica y narrativa comercial.

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