Un experimento realizado en Costa Rica demostró que las cáscaras de naranja pueden acelerar la recuperación de ecosistemas degradados, una técnica que ahora despierta interés por su posible aplicación en México para restaurar suelos afectados por la erosión y el uso intensivo del terreno. El caso es considerado una referencia sobre el aprovechamiento de residuos agroindustriales para la recuperación ambiental.
La iniciativa comenzó en 1997, cuando unas 12 mil toneladas de cáscaras y pulpa de naranja fueron depositadas sobre un terreno degradado del Área de Conservación Guanacaste, utilizado durante años para actividades ganaderas. Aunque el proyecto fue suspendido poco después por un conflicto legal, el sitio permaneció sin intervención durante más de una década.
En 2013, los investigadores Timothy Treuer, Rebecca Choi, Kimberly Janzen, Daniel Hallwachs, Winnie Peréz, Ronald Salomón Chaves y Daniel H. Janzen, de la Universidad de Princeton y del Área de Conservación Guanacaste, regresaron al sitio y documentaron que el terreno se había transformado en un bosque con mayor cobertura vegetal y biodiversidad. Sus hallazgos fueron publicados en el estudio Bosque tropical regenerado a partir de residuos de naranja como una solución de bajo costo para la restauración agrícola, aparecido en la revista Restoration Ecology.
La investigación concluyó que la descomposición de las cáscaras aportó materia orgánica y nutrientes como carbono, nitrógeno, potasio, calcio y fósforo, mejorando la calidad del suelo, favoreciendo la actividad de microorganismos y reduciendo la presencia de especies invasoras. Además, la cobertura orgánica ayudó a conservar la humedad y disminuir la erosión.
En México ya existen proyectos que aprovechan residuos agrícolas como bagazo de agave, pulpa de café y cáscaras de cítricos para mejorar la fertilidad del suelo y recuperar áreas degradadas, una alternativa que también contribuye a reducir los desechos generados por la industria agroalimentaria.