Con la llegada de las fiestas decembrinas, los platillos que se han convertido en tradición de la temporada, como el pavo, toman protagonismo en las mesas mexicanas.
A pesar de ser un ave nativa de América del Norte y de ser un símbolo navideño, el guajolote registra un bajo consumo durante el resto del año.
De acuerdo con el Centro de Enseñanza, Investigación y Extensión en Producción Avícola (CEIEPAv), el consumo per cápita de pavo en México es de apenas 1.25 kilogramos anuales, de los cuales el 90 % se consume en diciembre.
En contraste, el promedio de consumo de pollo es de aproximadamente 33 kilos por habitante al año.
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El coordinador del CEIEPAv, Jorge Miguel Iriarte, destaca que factores como el tamaño del pavo, que puede alcanzar los 10 kilos, y su precio —alrededor de 150 pesos por kilo, frente a los 100 pesos del pollo— influyen en su menor popularidad.
Además, la apariencia del pavo al quitarle las plumas, que deja puntos oscuros en su piel, puede resultar poco atractiva para los consumidores.
No obstante, el pavo y el guajolote tienen beneficios nutricionales importantes: son carnes magras de fácil digestión, ideales para una dieta equilibrada.
Su crianza es eficiente, alcanzando el desarrollo en solo 12 a 14 semanas, siendo Yucatán el principal productor.