Corea del Sur se encamina al final de una tradición culinaria con siglos de historia: la sopa de carne de perro, conocida como bosintang, dejará de comercializarse legalmente a partir de febrero de 2027, cuando concluya el periodo de transición establecido por una ley aprobada en 2024.
La legislación prohíbe la crianza, sacrificio, distribución y venta de perros destinados al consumo humano. Quienes sacrifiquen un perro con este propósito podrán enfrentar hasta tres años de prisión o multas de hasta 30 millones de wones.
El bosintang forma parte de una tradición que se remonta a la dinastía Joseon y que estaba especialmente vinculada al boknal, los tres días considerados los más calurosos del verano en la península. Con el paso de los años, sin embargo, el consumo de esta carne disminuyó conforme los perros comenzaron a ser vistos cada vez más como animales de compañía y aumentó la preocupación por su bienestar.
La prohibición ya está provocando cambios en el sector. Restaurantes especializados han cerrado o modificado sus menús, mientras que numerosos criaderos han dejado de operar. En 2024 fueron identificados miles de establecimientos relacionados con esta actividad y una gran parte anunció su intención de cambiar de giro o cerrar.
Aunque la norma entrará plenamente en vigor el próximo año, 2026 representa el último verano en el que la venta de este platillo todavía puede realizarse dentro del periodo de gracia establecido por las autoridades.
El gobierno surcoreano ha ofrecido apoyos a los propietarios de granjas, distribuidores y restaurantes afectados por la transición, mientras organizaciones defensoras de los animales presionan para acelerar el cierre de los establecimientos que todavía mantienen esta actividad.