El panorama para la producción agrícola nacional se torna sombrío de cara al próximo año. Amadeo Hernández Barajas, dirigente de la Central Campesina Independiente (CCI), lanzó una alerta sobre el periodo de incertidumbre que enfrentará el campo mexicano ante lo que se perfila como el presupuesto más bajo en una década. Con una asignación de apenas 75,836.5 millones de pesos para la Secretaría de Agricultura, el organismo advierte que la productividad nacional se verá severamente limitada, forzando al país a depender cada vez más de las importaciones para cubrir la demanda básica de alimentos.
La falta de certidumbre en los pagos de cosechas y el almacenamiento de granos, sumado a las persistentes sequías, han generado un caldo de cultivo que pone en jaque la soberanía alimentaria. Cifras oficiales respaldan esta preocupación, mostrando caídas drásticas durante 2024 en cultivos fundamentales: la producción de maíz blanco descendió un 12%, la de arroz un 20% y la de sorgo un 6%. Esta brecha ha sido cubierta principalmente mediante compras masivas a Estados Unidos, una tendencia que se prevé aumente en 2026 ante la escasez de recursos estatales para incentivar al productor local.
A este complejo escenario se suma la presión internacional por las próximas revisiones del T-MEC, donde las políticas de granos y biotecnología serán puntos de fricción con los socios comerciales. El dirigente de la CCI subrayó que, sin un rescate financiero y esquemas de comercialización claros, los productores mexicanos se enfrentarán a un mercado internacional volátil que podría encarecer la canasta básica. La falta de inversión en infraestructura y tecnología rural amenaza con profundizar la crisis del sector, dejando a los agricultores nacionales en una posición de desventaja competitiva frente a los subsidios de otros países.