Las autoridades sanitarias de la República Democrática del Congo reportaron un incremento significativo de muertes sospechosas vinculadas al brote de ébola en el este del país, donde se han contabilizado hasta el momento al menos 238 fallecimientos bajo investigación epidemiológica, en medio de una expansión que mantiene en alerta a comunidades fronterizas.
El registro más reciente detalla además mil 77 casos sospechosos acumulados, mientras que mediante pruebas de laboratorio se han confirmado 121 contagios y 17 muertes directamente asociadas al virus, lo que refleja la complejidad del avance de la enfermedad en la región.
El brote fue detectado inicialmente en la provincia de Ituri, zona fronteriza con Uganda y Sudán del Sur, y posteriormente se extendió hacia áreas de Kivu del Norte y Kivu del Sur, además de registrar impacto en territorio ugandés, donde se han confirmado casos en la capital Kampala, incluyendo un fallecimiento relacionado con un contagio importado.
Ante la propagación del virus, el gobierno de Uganda ordenó el cierre temporal de su frontera con la República Democrática del Congo como medida preventiva para limitar el riesgo de transmisión transfronteriza, mientras se refuerzan acciones de vigilancia sanitaria en puntos de cruce.
La Organización Mundial de la Salud ha señalado que el brote corresponde a la cepa Bundibugyo del ébola, con una tasa de letalidad estimada entre el 30% y el 50%, sin vacuna autorizada ni tratamiento específico disponible hasta el momento, lo que complica el control del avance epidemiológico.
Las autoridades sanitarias mantienen operativos de detección, seguimiento de casos y sensibilización comunitaria en zonas afectadas, aunque reconocen que existen dificultades operativas en terreno debido a las condiciones de seguridad y acceso en varias localidades.
El organismo internacional también ha elevado el nivel de riesgo del brote a “muy alto” para la región afectada, mientras mantiene la alerta regional en niveles elevados para gran parte de África subsahariana, ante la posibilidad de expansión hacia países vecinos.
Se trata del decimoséptimo brote registrado en la República Democrática del Congo desde la identificación del virus en 1976, una enfermedad que se transmite por contacto directo con fluidos corporales infectados y que puede provocar fiebre hemorrágica severa, vómitos, diarrea y hemorragias internas.