Las intensas lluvias y las inundaciones repentinas que devastaron Valencia en la última semana ponen de manifiesto una tendencia relacionada con el clima extremo, exacerbado por el calentamiento global.
La reciente DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) dejó un trágico saldo de al menos 210 personas fallecidas y un número indeterminado de desaparecidos.
La DANA, comúnmente conocida como “gota fría”, se forma cuando una masa de aire frío queda aislada en niveles altos de la atmósfera, chocando con aire cálido y húmedo en las capas inferiores.
Dicho fenómeno provoca inestabilidad atmosférica que puede resultar en lluvias torrenciales en cuestión de horas, tal y como ocurrió en la región la semana pasada.

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Un estudio de la Sociedad Americana de Meteorología resalta que las olas de calor marinas en el Mediterráneo son cada vez más frecuentes y prolongadas, alimentando la formación de tormentas y agravando los efectos de las DANAs.
Los expertos advierten que, si el calentamiento global sigue al ritmo actual, estos episodios extremos se volverán más comunes en el futuro.
Las simulaciones predicen un aumento de hasta 47 % en la intensidad de las precipitaciones durante eventos climáticos extremos.
Los fenómenos asociados al cambio climático podrían extenderse más allá de los meses otoñales, afectando a España durante casi todo el año y acercándose a patrones meteorológicos extremos ya observados en Norteamérica.
Sin embargo, la peculiaridad del Mediterráneo radica en su capacidad para proporcionar una constante fuente de humedad y energía, lo que podría hacer que esas tormentas sean aún más destructivas y difíciles de predecir en las próximas décadas.