La politóloga y columnista Denise Dresser señaló que las celebraciones oficiales del Día Internacional de la Mujer, encabezadas por la Presidencia de la República, constituyeron un “lavado morado”, término con el que criticó lo que consideró una simulación de avances reales en la igualdad de género. En su opinión, las ceremonias y discursos oficiales reflejaron símbolos sobre la participación de mujeres en el poder sin traducirse en cambios tangibles frente a problemas estructurales que afectan a amplios sectores de mujeres en el país.
Dresser hizo referencia a la conmemoración celebrada el pasado 8 de marzo, en la que participaron autoridades federales y representantes de distintos poderes públicos, al mismo tiempo que en diversas ciudades se realizaron marchas y protestas por la violencia de género y la inseguridad que enfrentan mujeres. Para la analista, ese contraste evidenció una brecha entre los actos institucionales y las demandas expresadas por colectivos feministas y organizaciones civiles.
En su análisis, publicado en columnas de opinión de medios nacionales, Dresser señaló que el uso de símbolos como el color morado y mensajes institucionales en torno a la igualdad no basta para enfrentar retos como la violencia contra mujeres, la discriminación laboral y la falta de políticas públicas eficaces. Según la columnista, la celebración oficial puede quedar como mero gesto si no se acompaña de acciones concretas que respondan a las exigencias de justicia y protección de derechos.
La crítica se sumó a un debate más amplio sobre la respuesta de las autoridades frente a las demandas de grupos feministas, quienes han señalado la persistencia de altos niveles de violencia y la necesidad de políticas públicas más efectivas para garantizar la seguridad y la igualdad de mujeres en diferentes ámbitos de la vida social.