Un equipo internacional de científicos identificó en el sureste del océano Índico un gigantesco cementerio de ballenas considerado el más profundo, extenso y antiguo documentado hasta ahora. La zona se localiza en la fractura de Diamantina y se extiende a lo largo de aproximadamente mil 200 kilómetros del fondo marino, donde se han encontrado restos modernos y fósiles con una antigüedad de hasta 5.3 millones de años.
La investigación permitió localizar cientos de yacimientos fósiles distribuidos a profundidades que alcanzan los 7 mil metros bajo la superficie, una cifra que supera ampliamente la registrada en otros cementerios de ballenas conocidos. Los especialistas estiman que en toda la región podrían existir más de 10 millones de restos de cetáceos acumulados a lo largo de millones de años.
Durante las exploraciones realizadas con un sumergible de gran profundidad se recuperaron decenas de fósiles y se identificaron especies extintas que hasta ahora eran desconocidas para la ciencia. Entre los hallazgos destaca una nueva especie de zifio, un grupo de cetáceos de aguas profundas cuya biología continúa siendo poco comprendida debido a la escasez de observaciones directas en su entorno natural.
Los investigadores señalaron que el sitio constituye una valiosa ventana para estudiar la evolución de estos animales y comprender cómo lograron adaptarse a inmersiones extremas. Algunos de los fósiles recuperados pertenecen al Plioceno temprano, lo que convierte al lugar en uno de los archivos paleontológicos marinos más importantes descubiertos en los últimos años.
Además de su relevancia científica, el cementerio alberga ecosistemas únicos formados alrededor de los restos de las ballenas. Cuando un cetáceo muere y se hunde hasta el fondo oceánico, su esqueleto puede sostener comunidades biológicas especializadas durante décadas. En la zona fueron identificadas varias “caídas de ballena” activas, donde habitan gusanos perforadores de huesos, bivalvos y otros organismos adaptados a condiciones extremas.
Los científicos consideran que la forma de la fractura de Diamantina favorece la acumulación y conservación de los restos, mientras que las bajas tasas de sedimentación permiten que los huesos permanezcan expuestos durante largos periodos. Estas condiciones han convertido al área en un extraordinario registro natural de la historia evolutiva de las ballenas y de la biodiversidad de las profundidades marinas.