En México se desperdician alrededor de 500,000 toneladas de frutas y verduras cada año, de acuerdo con datos difundidos por la organización El Poder del Consumidor. Las pérdidas ocurren en distintas etapas de la cadena agroalimentaria, desde la cosecha y el almacenamiento hasta la distribución y el consumo final.
Si se considera un precio promedio conservador de entre 8 y 12 pesos por kilogramo en productos hortofrutícolas al mayoreo, esa cantidad equivale a una pérdida anual aproximada de 4,000 a 6,000 millones de pesos solo en frutas y verduras. La cifra varía según el tipo de producto y la temporada, pero dimensiona el impacto económico directo para productores, intermediarios y comerciantes.
A nivel más amplio, estimaciones de organismos internacionales indican que en México se desperdician cerca de 20.4 millones de toneladas de alimentos al año, lo que representa alrededor del 34 por ciento de la producción nacional. En términos económicos, esa merma se traduce en pérdidas cercanas a 400,000 millones de pesos anuales, considerando todos los grupos alimentarios, no solo productos agrícolas frescos.
Una parte importante del desperdicio de frutas y verduras se registra por deficiencias en transporte, falta de infraestructura adecuada, interrupciones en la cadena de frío y prácticas inadecuadas de manejo postcosecha. También influyen criterios comerciales relacionados con la apariencia de los productos, lo que provoca que alimentos en condiciones aptas sean descartados antes de llegar al consumidor.
En puntos de venta como centrales de abasto, mercados y supermercados se generan mermas por almacenamiento prolongado o mala rotación de inventarios. En la Central de Abasto de la Ciudad de México, uno de los mercados mayoristas más grandes del mundo, se han estimado pérdidas de hasta 100 toneladas diarias de alimentos aún aprovechables, lo que equivale a más de 36,000 toneladas al año si se proyecta de manera constante.
En los hogares, el desecho también es significativo. Estudios sobre residuos sólidos urbanos indican que cada persona puede desperdiciar entre 0.2 y 0.3 kilogramos de alimentos por día, lo que representa entre 73 y 110 kilogramos por habitante al año, incluidos productos frescos.
El contraste internacional muestra la dimensión del reto. En países de la Unión Europea existen metas vinculantes para reducir el desperdicio alimentario hacia 2030, y en algunos casos se han logrado reducciones de entre 20 y 30 por ciento mediante regulación, medición obligatoria y programas de redistribución. En Reino Unido, por ejemplo, estrategias coordinadas entre gobierno y sector privado han permitido disminuir el desperdicio en hogares respecto a niveles registrados hace una década.
Las cifras colocan el tema en una dimensión estructural, no solo económica. Mientras millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria en el país, cientos de miles de toneladas de alimentos nutritivos se pierden cada año, con un costo financiero y ambiental que impacta toda la cadena productiva.