Las Águilas de Philadelphia no tuvieron piedad y aplastaron a los Jefes de Kansas City por un marcador de 40-22, en lo que fue la edición LIX del Super Bowl de la NFL.
Patrick Mahomes y compañía llegaban con la ilusión de obtener el tricampeonato, pero se encontraron con unos Eagles dispuestos a cobrar revancha por lo ocurrido hace dos años, cuando cayeron 38-35 en el Super Bowl LVII.
La clave pasó por la defensiva de las Águilas, quienes en todo momento fueron agresivos y lograron asfixiar al mariscal de campo de los Chiefs, por lo que prácticamente le anularon toda posibilidad de conectar con sus receptores.
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En contraparte, Jalen Hurts salió inspirado y tuvo una buena química al ataque, por lo que al medio tiempo ya estaban arriba por tres posesiones y muy cerca del trofeo Lombardi.
Para la segunda parte, se esperaba que Kansas tuviera una bravía reacción y lograran una remontada histórica como la que en su momento consiguieron los Patriotas de Nueva Inglaterra de Tom Brady ante los Falcons de Atlanta.
Sin embargo, las Águilas no se relajaron y lejos de tomar una postura de confort, liquidaron el encuentro al obligar una intercepción que, a la postre, significó otros siete puntos en la pizarra.
Kansas City, más con orgullo que con buen futbol, acortó la distancia con tres touchdowns, pero resultarían insuficientes para pensar en ponerle un toque dramático al Super Bowl.
De esta manera, los Jefes se resignaron al bicampeonato obtenido los dos años anteriores, mientras que las Águilas consiguieron su segundo anillo luego de siete años de sequía.