El virus del ébola comenzó a circular en febrero en el este de la República Democrática del Congo (RDC), varios meses antes de que las autoridades declararan oficialmente el brote el 15 de mayo, reveló la secuenciación genética de las primeras muestras analizadas.
La información fue confirmada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuyo director regional para África, Mohamed Yakub Janabi, advirtió que la respuesta sanitaria enfrenta un retraso considerable frente a la velocidad con la que avanza el virus.
Los análisis genéticos fueron realizados bajo la coordinación de Steve Ahuka, responsable del área de virología del Instituto Nacional de Investigación Biomédica de la RDC. Parte de los primeros casos habría sido atribuida a enfermedades como malaria o fiebre tifoidea, lo que dificultó identificar oportunamente la circulación del virus.
La epidemia, concentrada principalmente en la provincia de Ituri, es causada por la variante Bundibugyo del ébola, para la cual no existen vacunas ni tratamientos específicos autorizados. La enfermedad se transmite mediante el contacto con fluidos corporales de personas infectadas y puede provocar fiebre intensa, vómitos, diarrea y manifestaciones hemorrágicas.
La situación también se ha complicado por el conflicto armado, la movilidad de población y las dificultades para acceder a los servicios de salud. La OMS señaló que entre 60 y 70 por ciento de los nuevos contagios se están detectando fuera de los contactos que permanecen bajo vigilancia, una señal de que la transmisión comunitaria continúa dificultando el control.
El brote también alcanzó a Uganda mediante casos importados desde la RDC, aunque las autoridades sanitarias lograron contener la transmisión en ese país.
La OMS considera que el riesgo de propagación mundial permanece bajo debido a que el ébola no se transmite por vía aérea. Sin embargo, la organización mantiene la vigilancia ante una epidemia que avanza con mayor rapidez que la capacidad de respuesta en varias zonas afectadas.