Tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, la administración del presidente Donald Trump modificó la gestión de las exportaciones de petróleo de Venezuela, permitiendo que China vuelva a adquirir crudo, pero bajo reglas más estrictas que antes.
Washington estableció que el petróleo venezolano vendido a China y otros países debe fijarse a precios de mercado, evitando los niveles rebajados que prevalecían durante el gobierno de Maduro. Además, la mayor parte del petróleo debe ser vendida primero a Estados Unidos, como parte de un plan para controlar las ventas globales y asegurar el suministro energético.
Actualmente, Estados Unidos paga aproximadamente 45 dólares por barril de petróleo venezolano, en comparación con los 31 dólares por barril que recibía Venezuela antes de la captura de Maduro. Este ajuste busca incrementar el valor de las exportaciones mientras el gobierno estadounidense mantiene supervisión sobre las ventas internacionales.
China, históricamente el principal comprador de crudo venezolano, podría ver reducir sus importaciones a partir de febrero, debido a la menor disponibilidad de petroleros desde Venezuela tras el control impuesto por Washington sobre las exportaciones.
La medida se produce en un contexto de tensiones económicas y geopolíticas entre EE. UU. y China en América Latina, y representa un intento de reconfigurar el comercio de petróleo venezolano en el mercado internacional tras sanciones y cambios abruptos en la administración del país suramericano.