El Pentágono autorizó al Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) a probar un arma militar que provoca una intensa sensación de ardor en la piel, con miras a evaluar su posible utilización en operaciones de control migratorio en la frontera con México.
La autorización quedó asentada en un memorando firmado en septiembre por el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, y contempla el préstamo del dispositivo durante siete meses para realizar pruebas y desarrollar procedimientos operativos.
El equipo, conocido como Sistema de Denegación Activa (ADS, por sus siglas en inglés), emite un haz invisible de ondas electromagnéticas que puede alcanzar una distancia cercana a un kilómetro. Al entrar en contacto con la piel, genera una sensación de calor extremo que busca provocar que las personas se alejen del área de exposición.
Funcionarios militares estadounidenses han comparado el efecto con abrir un horno caliente. La sensación de hormigueo puede prolongarse entre 10 y 15 minutos, según información de las fuerzas armadas citada en los reportes.
Aunque el sistema está clasificado como un arma no letal, su posible implementación en la frontera ha generado cuestionamientos por los riesgos físicos, las implicaciones legales y las consecuencias que podría tener sobre las personas que intenten cruzar hacia territorio estadounidense.
Una de las preocupaciones planteadas por antiguos funcionarios fronterizos es que quienes reciban el impacto del dispositivo intenten escapar hacia zonas peligrosas, como ríos, lo que podría aumentar el riesgo de ahogamiento y obligar a las autoridades a realizar más operaciones de rescate.
El memorando establece que el Departamento de Seguridad Nacional será responsable del uso del equipo y del desarrollo de las tácticas para su eventual aplicación. Al concluir el periodo de préstamo, la dependencia podrá solicitar una extensión si considera necesario continuar con su evaluación.
La autorización no significa que el arma ya esté desplegada contra migrantes. Hasta el momento, no se han detallado los lugares donde se realizarán las pruebas ni las condiciones bajo las cuales podría utilizarse en operaciones fronterizas.
La posibilidad de incorporar esta tecnología al control migratorio no es nueva. Durante 2018, en el primer mandato de Donald Trump, funcionarios estadounidenses analizaron una propuesta similar, pero la entonces secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, rechazó su utilización contra migrantes.