El 25 de diciembre suele pensarse como un día de pausa. En México, para miles de personas, no lo es
evangelio | 24 diciembre, 2025

Mientras buena parte del país intenta detenerse, calles más vacías, comercios cerrados, sobremesas largas, el sistema de emergencias continúa recibiendo llamadas por violencia de género con la misma frecuencia que el resto del año. No hay descenso, no hay tregua. La fecha cambia; el patrón, no.

 

Entre enero y octubre de 2025, el 911 recibió más de 495 mil llamadas relacionadas con violencia de género en todo el país, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. El número es difícil de dimensionar en abstracto, pero adquiere peso cuando se traduce en ritmo: más de mil 600 solicitudes de auxilio cada día, durante diez meses consecutivos.

 

Ese flujo constante incluye violencia de pareja, agresiones sexuales, acoso y hostigamiento. En su mayoría, episodios que ocurren en espacios privados. El dato rompe con una idea extendida: la violencia no se concentra en la calle ni disminuye cuando la gente se reúne. En fechas como Nochebuena y Navidad, el ámbito doméstico se intensifica. Las convivencias se alargan, el consumo de alcohol aumenta, las tensiones acumuladas no se disuelven. El hogar deja de ser solo refugio y se convierte, para muchas personas, en un entorno de riesgo.

 

En Michoacán, el patrón nacional se replica. Registros del mismo sistema muestran que, durante 2025, la entidad acumuló decenas de miles de llamadas al 911 vinculadas con violencia de género, con una recurrencia sostenida mes a mes. Diciembre no marca una baja significativa. Por el contrario, las autoridades han reconocido que los periodos festivos concentran factores de riesgo adicionales, como mayor convivencia forzada en los hogares y consumo de alcohol.

 

Al igual que en el resto del país, en Michoacán la mayoría de estas llamadas no derivan de agresiones en espacios públicos, sino de conflictos dentro del ámbito doméstico. Colonias urbanas y zonas habitacionales concentran buena parte de los reportes. La violencia ocurre puertas adentro, lejos de celebraciones públicas o actos visibles.

 

Las llamadas al 911 no son denuncias judiciales ni procesos penales formales. Son algo previo y más urgente: el momento en que una situación rebasa el control y alguien pide ayuda inmediata. Cada registro implica una decisión tomada en medio del miedo, muchas veces durante la madrugada del 24 o el propio 25 de diciembre, cuando los servicios institucionales operan con personal reducido y el entorno social asume que “todo está en calma”.

 

Leídas en conjunto, las cifras nacionales y estatales revelan algo más profundo que un problema coyuntural. Muestran una violencia integrada a la vida cotidiana, que no se suspende por celebraciones ni por el calendario. La Navidad no la provoca, pero tampoco la detiene. Convive con ella.

 

El contraste es brutal. Mientras algunas familias prolongan el desayuno del 25, otras lo interrumpen para llamar a emergencias. Mientras unos intercambian regalos, otros buscan protección. El país transcurre el mismo día, pero en condiciones radicalmente distintas.

 

La estadística no distingue fechas ni emociones. Casi medio millón de llamadas en diez meses, y miles más solo en Michoacán, indican que la violencia de género no reconoce festividades y que, incluso en uno de los días más simbólicos del año, miles de personas enfrentan la jornada desde la urgencia, el encierro y el miedo.

 

Este 25 de diciembre, México celebra.
Pero también resiste.

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