A pesar de haber declarado al litio como un mineral estratégico para la nación, México enfrenta un vacío operativo y técnico que compromete su aprovechamiento real. Rubén del Pozo Mendoza, presidente de la Asociación de Ingenieros de Minas, Metalurgistas y Geólogos de México, advirtió que el país carece de una hoja de ruta detallada para la extracción y procesamiento de este recurso. Aunque se han identificado yacimientos clave en Sonora, Zacatecas, San Luis Potosí y Jalisco, la falta de una técnica definida y los prolongados plazos de exploración -que requieren inversiones multimillonarias y tecnología de punta- mantienen a la industria en un estado de incertidumbre.
El especialista puso bajo la lupa a la empresa estatal LitioMx, señalando que, si bien ha logrado producir carbonato de litio, su capacidad presupuestal para escalar la producción de manera autónoma es cuestionable. El debate se centra en si el Estado podrá asumir en solitario los costos y riesgos de la minería de litio o si será necesaria la apertura a capital privado para concretar los proyectos. Mientras tanto, el reloj corre: el Banco Mundial estima que la demanda global de litio se disparará un 500 por ciento para el año 2050, impulsada por la transición hacia vehículos eléctricos y el almacenamiento de energías renovables.
La urgencia por definir el “cómo, dónde y con qué” es crítica para que México no pierda la oportunidad de insertarse en la cadena de valor global de las baterías. Según expertos, la ventana de oportunidad para capitalizar los precios internacionales del litio requiere una estrategia que trascienda la retórica política y se asiente en planes técnicos viables. Sin una definición clara sobre los métodos de beneficio del mineral, el potencial de México como potencia energética en la era post-fósil podría quedar estancado en el subsuelo durante las próximas décadas.