El Gran Chaco sudamericano y el efecto invisible de nuestro consumo
evangelio | 24 diciembre, 2024

¿Qué tienen en común un alemán degustando sus salchichas, un francés disfrutando de sus quesos y un italiano calzando sus zapatos de cuero? Más allá de la cultura gastronómica y de moda que cada uno representa, todos ellos, de manera consciente o inconsciente, están ligados a la acelerada pérdida de biodiversidad en el Gran Chaco Sudamericano.

Esa vasta región, que abarca partes de Argentina, Paraguay, Bolivia y Brasil, se sobrepone a más de un millón de kilómetros cuadrados, un área comparable a la suma de Francia y Alemania.

Aunque alberga ecosistemas ricos en diversidad biológica y cultural y puede captar grandes cantidades de dióxido de carbono, su belleza y riqueza se ven amenazadas.

Desde mediados de los años 90, el Gran Chaco ha experimentado una desforestación alarmante, convirtiéndose en una de las regiones más deforestadas del mundo.

Terratenientes locales reemplazan los bosques de madera dura con monocultivos de soja y maíz, o con campos de pastura para la ganadería, además de que el 60% de los productos, incluidos granos y cueros, son destinados a mercados internacionales, principalmente Asia y Europa.

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La estrecha conexión entre el consumo europeo y la deforestación en Sudamérica se convierte así en un fenómeno invisible para muchos.

España e Italia son de los principales importadores de soja y maíz del Chaco Argentino, que alimenta a los animales criados en confinamiento en el Viejo Mundo.

En cuanto a los cueros, Italia es el mayor importador, procesando unas 25 mil toneladas al año, a menudo provenientes de árboles de quebracho, que han sido destruidos para obtener taninos, fundamentales en la curtiembre.

Muchos productores sudamericanos operan a miles de kilómetros, desconectados de los efectos devastadores de sus acciones, y aunque algunos consumidores europeos comienzan a notar el daño ecológico, el cambio real en sus hábitos de consumo aún es tímido.

Aunque la Unión Europea avanza hacia una normativa que podría frenar la importación de productos provenientes de deforestación, las presiones de grandes multinacionales y grupos de interés han retrasado su implementación.

Si queremos un futuro donde el comercio sea parte de la solución y no del problema, cada consumidor debe asumir su responsabilidad y apoyar iniciativas que impulsen cadenas de suministro sostenibles.

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