Para muchos, el espectáculo del medio tiempo que protagonizó Kendrick Lamar fue uno de los más aburridos en la historia del Super Bowl, que lo mismo ha tenido actos imborrables como el de Michael Jackson en 1993, pero también de figuras como Madonna, Rolling Stones, U2, Paul McCartney, Beyoncé, Shakira y Jennifer López.
En cuanto el rapero apareció en el Caesars Superdome de Nueva Orleans, las redes sociales se fueron llenando de comentarios, muchos de ellos negativos, pues los usuarios no vieron la acostumbrada pirotecnia ni los efectos especiales que suelen acompañar a esta importante sección que atrae a millones de personas, incluso las que no son fanáticas del futbol americano.
Las críticas vinieron sobre todo de usuarios mayores, quienes no se sintieron conectados con Lamar y rápidamente comenzaron a hacer comparaciones con épocas de antaño.
Incluso, perfiles identificados con el conservadurismo se sintieron ofendidos porque uno de los máximos representantes actuales de la música urbana y callejera haya sido el elegido para el medio tiempo.
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En contraparte, los defensores del nacido en California destacaron que la organización haya cedido el escenario a uno de los mejores letristas del hip hop, tanto así que fue merecedor del Pulitzer de la Música en 2018 por el disco Damn, que además se había llevado cinco premios Grammy.
El repertorio de Kendrick también tuvo la necesaria dosis de morbo, pues incluyó el éxito Not Like Us, dedicada a su rival histórico Drake, con quien mantiene una serie de “tiraderas” desde hace algún tiempo.
Con invitados como Samuel L. Jackson y SZA, Kendrick Lamar cantó temas como Squabble Up, Humble, DNA y Euphoria, donde reivindicó las luchas sociales de la raza negra en Estados Unidos, además de hacer referencias a las figuras del poder a través del “Tío Tom”, un personaje que aparece en la novela de Harriet Beecher Stowe, escrita en 1852.
El hiphopero también hizo alusión al poema de Gil Scott-Heron “La revolución no será televisada” (1971), donde se critica a los medios de comunicación por mostrar solo una parte de las rebeliones.
Al margen de las letras, el montaje producido para los bailarines, todos negros, dejó ver la recreación del patio de una prisión, algo que se interpretó como una protesta por el encarcelamiento masivo y las disparidades raciales entre los prisioneros de Estados Unidos.
Como cereza en el pastel apareció la extenista Serena Williams como una bailarina invitada. El acto fue celebrado no solo porque se trata de una antigua pareja de Drake, sino porque emuló unos pasos que fueron creados por los Crips, una pandilla predominantemente negra del sur de California.