El nivel del agua del mar Muerto disminuye en promedio un metro cada año, de acuerdo con estudios científicos recientes.
Esta reducción se debe a la disminución del caudal del río Jordán, la escasez de lluvias y el incremento en la extracción de agua y minerales, esenciales para diversas industrias. Entre los recursos extraídos destacan la sal, el potasio, el magnesio y el calcio.
Situado a 420 metros bajo el nivel del mar, el mar Muerto se formó hace aproximadamente 3.7 millones de años y se encuentra entre Israel y Jordania. Su agua posee una salinidad del 33.7 %, significativamente mayor a la de los océanos, que contienen un 3.5 %.
Debido a su alta densidad de 1.24 kg/litro, permite que el cuerpo humano flote sin esfuerzo. Su fondo contiene lodo con propiedades terapéuticas y grandes acumulaciones de sal.
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Las características únicas de sus aguas brindan beneficios curativos para enfermedades cutáneas como la psoriasis y el acné.
Sin embargo, expertos advierten que no se recomienda nadar ni sumergir la cabeza en sus aguas, debido a su extrema salinidad y consistencia aceitosa.
Durante el verano, la temperatura del agua puede alcanzar los 35 grados centígrados, lo que representa un riesgo de deshidratación para los visitantes.
A pesar de ser denominado “mar”, el mar Muerto es técnicamente un lago sin salida al océano.
Su alta concentración de sal y la falta de oxígeno impiden la supervivencia de peces y otras formas de vida acuática, limitando la biodiversidad a ciertos microorganismos y bacterias especializadas en ambientes extremos.