El Mediterráneo y su evaporación hace 5 millones de años
evangelio | 24 noviembre, 2024

Una de las transformaciones más extraordinarias en la historia geológica del Mediterráneo fue la Crisis de Salinidad del Mesiniense, ocurrida hace aproximadamente cinco millones de años.

Dicho fenómeno, impulsado por el levantamiento tectónico del estrecho de Gibraltar, desencadenó el aislamiento del mar Mediterráneo y su desconexión con el océano Atlántico, resultando en una evaporación masiva que convirtió la región en un vasto desierto salino.

Mientras que los depósitos de sales evaporíticas resultantes alcanzan hasta un millón de kilómetros cúbicos, un estudio innovador publicado en “Nature Communications” ha logrado desentrañar los pormenores de este proceso a través del uso de isótopos de cloro.

Esa técnica, común en diversas disciplinas científicas, permitió a los investigadores reconstruir la pérdida de agua del Mediterráneo, la cual se estima en 70 % de su volumen, con descensos de hasta dos kilómetros en su nivel en un tiempo sorprendentemente breve.

Los hallazgos del estudio aportan claridad a un debate científico que ha persistido durante décadas, ofreciendo un nuevo marco para entender los impactos climáticos y geológicos de ese acontecimiento singular.

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El resultado fue un desequilibrio hidrológico extremo que generó vastos depósitos de evaporitas, predominantemente compuestos de halita y yeso, los cuales constituyen una de las huellas geológicas más notables de la historia reciente de la cuenca mediterránea.

Sin embargo, el interrogante de si esas sales se depositaron en un Mediterráneo completamente seco o en un mar parcialmente lleno de salmuera ha sido motivo de controversia durante años.

Consecuencias amplias y duraderas

El impacto de la Crisis de Salinidad del Mesiniense se extendió más allá de la cuenca mediterránea.

La formación de puentes terrestres conectó Europa, África y diversas islas del Mediterráneo occidental, facilitando la migración de fauna terrestre. Los fósiles hallados en las islas Baleares y otras regiones insulares son testimonio del fenómeno.

Además, la drástica reducción del volumen de agua en el Mediterráneo alivió la presión sobre la corteza terrestre, lo que posiblemente desencadenó una actividad volcánica en áreas como Sicilia y el mar Egeo, fenómeno conocido como descarga litosférica.

Dicho evento pudo haber contribuido a la formación de diques magmáticos y a erupciones volcánicas durante y posteriormente a la crisis.

A nivel climático, el descenso del nivel del mar remodeló los patrones de precipitación en regiones cercanas, afectando el ciclo hidrológico en Europa y el norte de África.

La depresión inmensa creada por un Mediterráneo casi seco probablemente influyó en las corrientes de aire y en la distribución de la lluvia, con consecuencias que se extienden a escala planetaria.

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