El Sol, la estrella que da vida a la Tierra, también genera fenómenos que pueden tener impacto en la tecnología y sistemas humanos cuando aumentan su actividad, especialmente durante periodos de máxima solar en su ciclo de aproximadamente 11 años. Estos fenómenos incluyen tormentas solares y eyecciones de masa coronal, que envían grandes cantidades de partículas y radiación hacia el espacio.
Cuando una eyección de masa coronal se dirige hacia la Tierra y choca con su campo magnético puede dar lugar a una tormenta geomagnética, un evento capaz de generar efectos importantes sobre sistemas tecnológicos. Las corrientes eléctricas inducidas por estas perturbaciones pueden afectar las redes eléctricas, causar interferencias en las comunicaciones por radio, alterar señales de navegación y posicionamiento y dañar satélites en órbita.
Históricamente, eventos solares intensos han provocado fallas en satélites y comunicaciones, así como perturbaciones en redes energéticas en distintas regiones del planeta.
Desde la superficie terrestre, la atmósfera y el campo magnético protegen a la mayoría de las personas de los efectos directos de la radiación solar. Sin embargo, hay riesgos específicos: los astronautas en el espacio, los pilotos y tripulantes de vuelos de alta altitud pueden estar más expuestos a partículas solares energéticas durante episodios extremos.
Los fenómenos solares también pueden dar lugar a espectáculos naturales como las auroras boreales y australes, que ocurren cuando partículas solares interactúan con la atmósfera en regiones polares.
Aunque los eventos solares intensos tienen potencial para afectar la infraestructura humana y generar consecuencias indirectas en sistemas críticos, las agencias científicas mantienen sistemas de monitoreo para anticipar perturbaciones y mitigar posibles impactos en redes eléctricas, comunicaciones y sistemas de navegación que sustentan actividades cotidianas en la civilización.