A cinco años de que se activó el enjambre sísmico en la región de la meseta purépecha de Michoacán y las inmediaciones del volcán del Paricutín, la actividad sísmica y volcánica siguen activas en la región.
Si bien la intensidad de la actividad se redujo con el paso de los años, la tensión y la preocupación social por el nacimiento de un cono volcánico, como versión no probada, posibles daños por sismos y otros peligros, no se han disipado.
Jesús Espinoza Rochín, alcalde Nuevo San Juan Parangaricutiro, reconoció que es uno de los temas que han ocupado a los municipios que se han visto afectados por los sismos.
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Además de Nuevo San Juan, Peribán, Tancítaro y otras zonas aledañas han resentido los efectos de la actividad volcánica. El edil aseguró que se trata de actividad sísmica.
Los últimos datos del Servicio Sismológico compartidos a la opinión pública revelaron más de cinco mil sismos de magnitudes entre 2.2 y 4.
Si bien la mayoría se mantenían en la categoría de imperceptibles, al menos 100 sismos u ondas sísmicas alertaron a los colonos entre el 2020 y este 2025.
La doctora Patricia Alarcón, especialista en gestión de riesgos de la Universidad Michoacana, destacó que el movimiento magnético era una de las causas de la actividad telúrica.