El Ministerio de Asuntos Exteriores de China ha oficializado una serie de sanciones de represalia contra el complejo militar-industrial de Estados Unidos, en respuesta directa a las recientes ventas de armamento a gran escala hacia Taiwán. El gobierno de Beijing calificó estas transacciones como una violación grave al principio de “Una sola China” y una interferencia directa en sus asuntos internos que socava su soberanía nacional. Amparándose en la Ley para Contrarrestar Sanciones Extranjeras, China ha lanzado una ofensiva financiera que busca golpear la operatividad de los principales contratistas militares norteamericanos en territorio asiático.
Las medidas incluyen el congelamiento inmediato de todos los bienes muebles, inmuebles y activos financieros dentro de China pertenecientes a 20 compañías de renombre, entre las que destacan Boeing, Northrop Grumman Systems Corporation y L3Harris Maritime Services. Además, las sanciones se extienden a 10 altos ejecutivos, a quienes se les prohíbe el ingreso al país y cualquier tipo de cooperación o transacción comercial con organizaciones e individuos chinos. Este bloqueo total busca asfixiar la cadena de suministros y las relaciones comerciales de estas firmas en uno de los mercados más influyentes del mundo.
Este movimiento profundiza la fractura en las relaciones entre las dos superpotencias, elevando el riesgo de una guerra comercial y tecnológica aún más intensa para 2026. Al prohibir que cualquier entidad china colabore con estas empresas, Beijing envía un mensaje contundente sobre las consecuencias de fortalecer las capacidades de defensa de Taipei. La comunidad internacional observa con cautela este choque de políticas, que no solo afecta al sector de defensa, sino que podría tener repercusiones en las cadenas de suministro globales de tecnología y aviación civil.