Al menos siete personas murieron y varias más resultaron heridas luego de una nueva oleada de bombardeos atribuidos al Ejército de Israel en el sur de Líbano, en medio de un repunte de violencia pese a la tregua temporal vigente desde el pasado 17 de abril.
De acuerdo con autoridades locales, los ataques aéreos se registraron el sábado en distintas zonas cercanas a la frontera, donde además se emitió una orden de evacuación para habitantes de al menos nueve aldeas, ante el riesgo de nuevas ofensivas.
También se reportó la demolición parcial de un convento católico en la localidad fronteriza de Yaroun, una instalación que se encontraba desocupada debido a los enfrentamientos recientes entre Israel y el grupo chií Hezbolá.
La superiora general de las Hermanas Basilianas Salvatorianas, Gladys Sabbagh, señaló que el complejo fue destruido con maquinaria pesada. Explicó que el recinto incluía una escuela (cerrada desde el conflicto de 2006) y una clínica que recientemente había sido trasladada a otra comunidad cercana. Las dos monjas que habitaban el lugar lo abandonaron por motivos de seguridad.
El Ejército israelí aseguró en un comunicado que durante operaciones para desmantelar infraestructura de Hezbolá en la zona, una edificación sin distintivos religiosos resultó afectada. Añadió que, al identificar su vínculo con una institución religiosa, se tomaron medidas para evitar mayores daños. Asimismo, sostuvo que el grupo armado habría utilizado el sitio en el pasado para lanzar ataques con cohetes.
Las declaraciones fueron rechazadas por representantes de la Iglesia católica en Líbano, quienes negaron cualquier uso militar del convento. El reverendo Abdo Abou Kassm, director del Centro Católico de Información, condenó los hechos y subrayó que los recintos religiosos “no son bases militares”, sino espacios destinados a la paz y la educación.
El incidente ocurre días después de la difusión de imágenes en las que un soldado israelí dañaba una estatua religiosa en la aldea de Debel.