España anunció la instalación de una barrera de contención de 500 metros en la zona marítima de Ceuta, después de una entrada masiva de migrantes procedentes de Marruecos que dejó al menos 67 personas fallecidas durante los intentos de cruce.
El episodio ocurrió tras la llegada de miles de personas que intentaron alcanzar la ciudad autónoma española por mar y tierra. Autoridades estimaron que entre 50 mil y 60 mil migrantes participaron en el intento de ingreso, mientras que la mayoría ya regresó a Marruecos tras la intervención de los gobiernos de ambos países.
Los fallecimientos ocurrieron principalmente por ahogamientos y durante momentos de aglomeración en la zona fronteriza. Tras la emergencia, las autoridades españolas comenzaron a reforzar las medidas de control en el espigón del Tarajal, donde será colocada la nueva estructura para dificultar futuros cruces marítimos.
El ministro del Interior de España, Fernando Grande Marlaska, aseguró que la situación fue controlada mediante la cooperación con Marruecos y afirmó que el país vecino es un socio importante para la gestión de la frontera.
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, señaló que la ciudad aún no recuperaba completamente la normalidad después del episodio, aunque destacó que el retorno de personas hacia Marruecos había comenzado. Algunos migrantes que lograron llegar a Ceuta permanecieron en la ciudad con la intención de quedarse, mientras otros regresaron tras enfrentar dificultades para acceder a alimentos y refugio.
La crisis volvió a colocar la migración irregular entre España y Marruecos como uno de los principales retos fronterizos de Europa, ante la presión sobre los sistemas de seguridad y atención humanitaria.