Petróleos Mexicanos (Pemex) ha iniciado una fase de reestructuración operativa con la firma de cinco contratos mixtos, una modalidad diseñada para atraer inversión y tecnología en la extracción de gas y crudo. Según análisis especializados, este esquema permite a la paraestatal introducir ajustes que despierten el interés de compañías con mayor solvencia técnica y financiera, acelerando así el desarrollo de campos con volúmenes elevados de hidrocarburos que actualmente se encuentran subexplotados.
Pese a que en octubre se registró un ligero incremento en la producción, las cifras aún se mantienen distantes de los objetivos planteados en el Plan Estratégico 2025-2035. Expertos en el sector, como Ignacio Martínez Cortés, sugieren que para cerrar esta brecha no bastan los ajustes contractuales, sino que se requiere una transformación integral desde el interior de la petrolera. Un punto clave en esta visión es el aprovechamiento de la infraestructura de refinación, especialmente la planta de Dos Bocas, la cual representa una oportunidad crítica para fortalecer la cadena de valor y mejorar la rentabilidad energética del país.
El éxito de estos nuevos contratos dependerá de la capacidad de Pemex y la Secretaría de Energía (Sener) para generar confianza en el mercado internacional, equilibrando la soberanía energética con esquemas de asociación eficientes. Esta transición busca no solo detener la declinación de los yacimientos maduros, sino también incursionar en proyectos de mayor complejidad técnica que demandan una inversión intensiva de capital.