La orden ejecutiva de Donald Trump para modificar el esquema de vacunación infantil en Estados Unidos enfrenta críticas por sus posibles efectos médicos, financieros y logísticos. La medida plantea separar vacunas combinadas, incluida la triple viral contra sarampión, paperas y rubéola (MMR), y espaciar las aplicaciones en diferentes visitas médicas.
Aaron Milstone, integrante del Comité de Enfermedades Infecciosas de la Academia Estadounidense de Pediatría, advirtió que el principal resultado podría ser una mayor confusión entre los padres. Señaló que mensajes contradictorios sobre el calendario de vacunación podrían llevar a retrasar las aplicaciones.
Elizabeth Mack, médica especializada en cuidados intensivos pediátricos en Carolina del Sur, señaló que la propuesta enfrenta además un problema práctico: actualmente no existen en Estados Unidos vacunas individuales autorizadas contra sarampión, paperas y rubéola. Para disponer de ellas sería necesario desarrollar nuevos procesos de producción y obtener las autorizaciones correspondientes.
La farmacéutica Merck, fabricante de una de las vacunas MMR utilizadas en Estados Unidos, indicó que no existe evidencia científica publicada que demuestre un beneficio de separar las tres aplicaciones. La compañía también advirtió que utilizar las vacunas por separado aumentaría el número de inyecciones y podría provocar retrasos o aplicaciones incompletas.
Céline Gounder, epidemióloga y médica especializada en enfermedades infecciosas, señaló que la propuesta carece de sustento científico y advirtió que separar las vacunas podría disminuir las tasas de inmunización. También explicó que producir nuevamente las vacunas individuales requeriría inversiones importantes y varios años de trabajo.
La orden busca reducir de 18 a 11 las enfermedades contempladas en las recomendaciones federales de vacunación infantil y establece que las autoridades deberán presentar planes para modificar el esquema. Sin embargo, la medida no cambia por sí sola las leyes estatales ni obliga a los fabricantes a producir las vacunas individuales.
El planteamiento también podría aumentar los gastos para las familias, debido a un mayor número de consultas médicas y al riesgo de que los menores no completen a tiempo sus esquemas de vacunación.