Grecia Quiroz advierte un “voto de castigo” en 2027 si no hay justicia por el asesinato de Carlos Manzo
evangelio | 8 noviembre, 2025

La advertencia de Grecia Quiroz no fue una frase de indignación, sino un movimiento calculado en el tablero político de Michoacán. Cuando la presidenta municipal sustituta de Uruapan dijo, frente a miles de manifestantes, que “habrá voto de castigo en 2027”, no habló solo a los dolientes de su ciudad: habló al poder.

En una entidad donde la violencia ha dejado más alcaldes asesinados que elecciones municipales completas, su mensaje fue directo y disruptivo. Quiroz tradujo el duelo en lenguaje político y el hartazgo ciudadano en una amenaza institucional: si el Estado no garantiza justicia, el voto se convertirá en herramienta de sanción. En otras palabras, advirtió que la democracia puede vengarse.

Su discurso rompió con la prudencia tradicional de los alcaldes sustitutos, que suelen ocupar el cargo con discreción. En cambio, Quiroz se apropió del vacío dejado por la violencia y lo llenó con legitimidad social. La multitud que marchó por las calles de Uruapan no solo acompañó una causa moral; presenció el nacimiento de una figura política que entiende que la autoridad se conquista de pie, no con condolencias.

Cuando aclaró que su encuentro con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo “no fue para doblar las manos, sino para exigir justicia”, definió su posición con precisión quirúrgica: no desafía al poder, pero tampoco se subordina. Su discurso trazó una línea entre la lealtad institucional y la dignidad política, algo inusual en un escenario donde los municipios suelen depender del apoyo federal para sobrevivir.

El “voto de castigo” que menciona no se refiere a una consigna partidista, sino a una respuesta colectiva al fracaso estructural de la seguridad. Representa el momento en que el ciudadano, impotente frente al crimen, decide usar el único recurso que le queda: el sufragio como acto de memoria. Quiroz convirtió esa idea en bandera, y al hacerlo, transformó el lamento en estrategia.

Su mensaje no es una provocación electoral, sino una tesis política: los pueblos que no obtienen justicia terminan buscando justicia en las urnas. En Michoacán, donde los funerales de autoridades se han vuelto rutina, ese mensaje tiene la fuerza de una ruptura.

Uruapan, el municipio donde la violencia mató al alcalde y obligó a su esposa a gobernar, ahora lanza una advertencia al país: la impunidad también se paga políticamente. Si la justicia no llega desde las instituciones, Quiroz parece decir, llegará desde las boletas.

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