El inicio de 2026 trae consigo un escándalo biográfico que apunta directamente al Despacho Oval. Necla Özmen, una ciudadana turca de 55 años, ha sacudido la opinión pública al apelar una decisión judicial que desestimó su demanda para ser reconocida como hija biológica de Donald Trump. La historia, que parece extraída de una novela de intriga, se remonta a 1970, año en el que, según el relato de la madre de Necla, una mujer estadounidense identificada como “Sophia” le entregó a la pequeña en un hospital tras haber dado a luz a un bebé sin vida. Según esta versión, la enigmática Sophia aseguró en aquel entonces que la recién nacida era fruto de un romance oculto con el magnate neoyorquino.
Tras un primer intento fallido en septiembre pasado, cuando un tribunal turco desechó el caso por falta de pruebas sólidas, Özmen ha decidido no rendirse y presentó un recurso de apelación para forzar una prueba de paternidad. La demandante sostiene que su intención no es desestabilizar la administración del republicano ni “causarle problemas” en un momento político tan complejo, sino cerrar un ciclo de identidad que ha marcado su vida adulta. “Solo quiero saber si es mi padre”, declaró Özmen a la prensa local, enfatizando que su búsqueda es puramente personal y no económica, aunque la noticia ya ha comenzado a circular con fuerza en las plataformas digitales del entorno trumpista.
Hasta el momento, ni la Casa Blanca ni los representantes legales del presidente Trump en Truth Social han emitido una declaración oficial sobre esta supuesta conexión familiar en Turquía. El caso plantea un reto diplomático y legal inusual, ya que la justicia turca debería determinar si tiene competencia para exigir una muestra genética a un mandatario en funciones de una potencia extranjera. Mientras el proceso de apelación avanza, la historia de Necla Özmen se suma a la larga lista de polémicas personales que rodean al mandatario, quien por ahora parece concentrado en su agenda de seguridad nacional y el retiro de tropas en ciudades demócratas.