Incendios forestales fuera de control en la Patagonia argentina consumieron hasta el domingo más de 15.000 hectáreas y destruyeron varias viviendas, mientras cientos de brigadistas y vecinos voluntarios continúan luchando para contener el avance del fuego.
El foco más importante se inició el lunes pasado cerca de la localidad de Epuyén, en la provincia de Chubut. En apenas una semana, las llamas afectaron unas 11.970 hectáreas, una superficie que se duplicó entre el sábado y el domingo, según informó el Servicio Provincial de Manejo del Fuego. La magnitud del siniestro volvió a poner en evidencia la fragilidad de la región frente a eventos climáticos extremos.
En la noche del domingo, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, informó que “22 de los 32 incendios se encuentran completamente extinguidos”, aunque los principales focos activos siguen generando preocupación. Bomberos de la zona señalaron al canal TN que las lluvias registradas durante la tarde del domingo permitieron reordenar el trabajo en el terreno, pero no lograron apagar los incendios más importantes.
Las precipitaciones y el descenso de la temperatura trajeron algo de alivio a los pobladores. “Estamos muy contentos, ojalá siga así”, dijo a la AFP Attila Missura, residente de Rincón de Lobos, una de las áreas más afectadas. La Agencia Federal de Emergencias coincidió en que las condiciones climáticas mejoran las perspectivas de combate del fuego, aunque aclaró que el escenario sigue siendo crítico.
Más de 500 personas entre brigadistas, bomberos, rescatistas, fuerzas de seguridad y personal de apoyo, trabajan en los distintos focos, con el respaldo de brigadas comunitarias integradas por decenas de vecinos que operan en primera línea. “Es un estado de alerta, tristeza y angustia a la vez, es como un estado de guerra”, describió Missura, de 59 años, quien se dedica al turismo de cabalgatas en la región.
Los incendios ocurren apenas un año después de los peores fuegos forestales en la Patagonia en tres décadas, cuando se quemaron unas 32.000 hectáreas. La repetición de estos episodios mantiene bajo presión a los sistemas oficiales y comunitarios de combate del fuego.
Vecinos de Epuyén relataron que, ante los primeros focos, se organizaron de manera espontánea para transportar agua y remover cenizas con palas. Sin embargo, Missura cuestionó la respuesta oficial en algunos momentos críticos: aseguró que, ante la aparición de una columna de humo en un punto clave para la propagación del incendio, los aviones hidrantes tardaron varias horas en llegar pese a que las autoridades estaban advertidas, una demora que dijo “amerita una investigación”.
El gobernador de Chubut, Ignacio Torres, llamó a “no relativizar nunca más la implicancia del cambio climático” y remarcó que la provincia atraviesa “la peor sequía desde 1965”. En la misma línea, el presidente Javier Milei agradeció públicamente en la red social X “a todos los brigadistas bomberos y a cada uno de los voluntarios que están combatiendo el fuego dándolo todo”.
No obstante, el operativo enfrenta tensiones adicionales. En los últimos días, brigadistas reclamaron mejoras salariales, ya que perciben ingresos de entre 600.000 y 900.000 pesos mensuales. “No se puede vivir de esto, al menos no en Argentina”, afirmó el brigadista Hernán Ñanco, de 27 años, quien explicó que muchos de sus compañeros deben tener otros trabajos y que varios abandonan la actividad por la falta de actualización salarial.
A estas críticas se sumaron cuestionamientos de la oposición y de organizaciones ambientalistas, que denuncian que el Gobierno no ejecutó el 25% del presupuesto asignado al manejo del fuego, en un contexto en el que los incendios forestales se vuelven cada vez más frecuentes y destructivos en la región patagónica.