Autoridades aduaneras rusas frustraron un intento de contrabando de un meteorito valuado en más de cuatro millones de dólares que pretendía ser enviado a Gran Bretaña desde el puerto de San Petersburgo, oculto bajo la descripción de una supuesta escultura.
El hallazgo ocurrió durante una inspección de rutina a un contenedor marítimo, donde los sistemas de escaneo detectaron un objeto de grandes dimensiones y peso inusual. Tras una revisión especializada, se determinó que se trataba de un fragmento del meteorito Aletai, con un peso aproximado de dos toneladas y media.
De acuerdo con los servicios aduaneros de la ciudad báltica, la pieza fue declarada como “escultura de paisaje” para su exportación; sin embargo, los peritajes confirmaron su origen extraterrestre y su alto valor científico y económico, estimado en 323 millones de rublos, equivalentes a unos 4.2 millones de dólares.
El caso derivó en la apertura de una investigación penal por contrabando de bienes estratégicos o culturales, delito que en Rusia puede castigarse con hasta tres años de prisión. Las autoridades señalaron que el meteorito había sido introducido previamente al país desde una nación integrante de la Comunidad de Estados Independientes.
El meteorito Aletai, conocido anteriormente como Armanty en Rusia y Xinjiang en China, debe su nombre actual a la cordillera de Altai, una región que se extiende por territorios de Rusia, China, Mongolia y Kazajistán. Se trata de uno de los meteoritos de hierro más grandes conocidos por la ciencia.
Desde su descubrimiento a finales del siglo XIX, se han recuperado al menos cinco fragmentos principales de este meteorito, con una masa total superior a las 74 toneladas. El más grande de ellos pesa alrededor de 28 toneladas. Estudios científicos estiman que el cuerpo original cayó a la Tierra hace cientos de millones de años.
Según investigaciones citadas por la agencia rusa TASS, el meteorito Aletai sería un fragmento del núcleo de un antiguo protoplaneta o asteroide de gran tamaño que se formó hace aproximadamente 4 mil 500 millones de años, durante los orígenes del sistema solar, lo que lo convierte en una pieza de enorme valor histórico y científico.