Funcionarios israelíes afirmaron este sábado que el líder supremo de Irán, Ayatollah Ali Khamenei, murió como resultado de los ataques aéreos que Estados Unidos e Israel lanzaron contra objetivos en Irán. Según estas fuentes, el cuerpo del líder fue hallado tras la ofensiva, y se han detectado daños extensos en el complejo donde residía, lo que ha sido interpretado por las autoridades como indicios de su fallecimiento. Irán no ha confirmado oficialmente su muerte.
Khamenei, nacido en 1939 en Mashhad, tenía 86 años y ocupaba el cargo de líder supremo desde 1989, tras la muerte del ayatolá Ruhollah Jomeini. Durante más de tres décadas concentró la máxima autoridad política, religiosa y militar del país, con control directo sobre las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, además de influencia decisiva en la política exterior iraní.
El primer ministro israelí señaló que existen “señales claras” de que Jamenei ha dejado de existir, aunque el régimen iraní insiste en que el líder sigue vivo y dirigiendo operaciones desde una sala de mando. En respuesta a la ofensiva, fuerzas iraníes han lanzado misiles y drones contra objetivos en Israel y varios países del Golfo que alojan bases militares estadounidenses.
Además del líder supremo, fuentes de inteligencia informaron que varios altos mandos de los principales cuerpos de seguridad iraníes, incluidos comandantes del Cuerpo de Guardianes de la Revolución y altos responsables militares, murieron en los ataques. Algunas de las zonas alcanzadas incluyen instalaciones vinculadas a la defensa y a programas estratégicos del país.
El presidente de Estados Unidos dijo que cree que los informes sobre la muerte del líder iraní “son correctos”, y que la mayoría de las personas que toman decisiones en Irán ya no están en posiciones de liderazgo después de la operación conjunta.
El desarrollo del conflicto ha causado pánico en diversas ciudades, así como explosiones reportadas en varias regiones del Medio Oriente, mientras la comunidad internacional observa con cautela la posible reconfiguración del poder en Teherán ante la eventual ausencia de quien durante 37 años fue la figura central del sistema político iraní.