Iztapalapa aplicará ley seca durante celebraciones de Semana Santa
evangelio | 25 febrero, 2026

La alcaldía Iztapalapa anunció la aplicación de ley seca durante los días centrales de la Semana Santa, como parte del operativo para resguardar la tradicional representación de la Pasión de Cristo, una escenificación que desde hace más de un siglo se ha consolidado como una de las expresiones religiosas y culturales más grandes de América Latina y uno de los eventos multitudinarios más importantes del país.

La medida, publicada en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México, suspende la venta y el consumo de bebidas alcohólicas en los ocho barrios tradicionales, San Ignacio, Santa Bárbara, La Asunción, San Lucas, San Pedro, San Miguel, San Pablo y San José, donde se concentran las principales actividades de la representación. Cada año, las calles de esta zona reciben a cientos de miles de asistentes, peregrinos y visitantes provenientes de distintos estados, además de cobertura mediática nacional e internacional.

La representación de Iztapalapa tiene origen en el siglo XIX, cuando habitantes de la región organizaron la primera escenificación como acto de fe tras una epidemia que afectó a la comunidad. Con el paso de las décadas, la tradición evolucionó hasta convertirse en un evento que combina religiosidad popular, identidad barrial y logística urbana a gran escala, con cierres viales, despliegues de seguridad, servicios médicos y control de comercio informal.

La restricción aplicará tanto en establecimientos formales como en puestos temporales instalados por la temporada, incluyendo tiendas de abarrotes, vinaterías y supermercados, sin importar si el alcohol se comercializa en envase abierto o cerrado. Autoridades capitalinas señalaron que el objetivo es prevenir incidentes durante los días de mayor concentración y mantener condiciones de orden en una zona que registra uno de los flujos peatonales más altos del país durante estas fechas.

La aplicación de ley seca en Iztapalapa no es inédita. En años anteriores se han implementado medidas similares ante la magnitud del evento y los retos de seguridad asociados a concentraciones masivas. Sin embargo, su publicación vuelve a colocar el tema en la conversación nacional, no solo por el tamaño de la celebración, sino por el contraste que representa en una ciudad donde las actividades económicas, el turismo religioso y la gestión del espacio público convergen en pocos días.

La decisión refleja cómo una tradición local se ha convertido en un fenómeno cultural que rebasa fronteras barriales y exige coordinación institucional a escala metropolitana. Por eso, aunque la medida se aplique en una alcaldía específica, su alcance suele observarse desde distintos puntos del país como un indicador de cómo las autoridades preparan uno de los eventos religiosos más emblemáticos del calendario mexicano.

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