Julio Medina Ávila: detrás de los reflectores del Zoológico de Morelia
evangelio | 26 julio, 2026

Julio César Medina Ávila no es un funcionario reconocido por campañas personales ni por una presencia constante frente a las cámaras. Incluso entre quienes visitan con frecuencia el Zoológico de Morelia, pocos identificarían al hombre que ocupa su dirección general desde diciembre de 2021. Su trabajo aparece de otra manera: en los nacimientos registrados dentro del parque, en los recintos rehabilitados, en las dietas diseñadas para cada especie y en las decisiones cotidianas necesarias para sostener a más de dos mil animales. Medina es médico veterinario y encabeza una institución donde un error administrativo puede convertirse rápidamente en un problema de salud, conservación o bienestar animal.

Egresado de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, con estudios de maestría en Limnología y Acuacultura y formación de posgrado en Ciencias Biológicas en colaboración con la Universidad de Murcia, España, Medina desarrolló buena parte de su carrera alrededor del manejo y conservación de fauna silvestre antes de asumir la dirección del parque. Su llegada coincidió con un reto poco sencillo: recuperar un zoológico cuya infraestructura acumulaba décadas sin inversiones importantes y devolverle protagonismo como espacio de conservación, educación ambiental y turismo para Morelia.

Los resultados permiten analizar esa gestión sin recurrir al elogio gratuito. Durante la actual administración se han registrado 528 nacimientos de ejemplares pertenecientes a más de 35 especies, entre ellas jirafas reticuladas, ajolotes, guacamayas, antílopes addax y cimitarra, además de otros programas exitosos con achoques, venados, ciervos y, recientemente, dos crías de leopardo y el segundo yak nacido en la historia del recinto. Este año el zoológico ya supera las 48 especies reproducidas y proyecta cerrar el año con entre 120 y 150 nacimientos, cifras que colocan al parque entre los recintos con mayor índice reproductivo de fauna silvestre en América Latina.

Pero dirigir el Zoológico de Morelia significa mucho más que celebrar nacimientos. También implica recibir animales que llegan en condiciones críticas después de ser asegurados por Profepa o rescatados del tráfico ilegal. Primates, aves rapaces, reptiles, felinos y otras especies ingresan con desnutrición, fracturas, enfermedades o secuelas de haber permanecido durante años como mascotas. Cada ejemplar representa alimentación especializada, medicamentos, estudios clínicos, cuarentenas, adecuaciones de espacio y meses de rehabilitación, aunque el presupuesto sea el mismo. En los últimos años el parque ha recibido decenas de animales rescatados; entre ellos, un mono aullador que requirió una dieta reconstruida prácticamente desde cero para lograr sobrevivir.

Ese trabajo pocas veces genera titulares. La conversación suele concentrarse en el animal rescatado, pero detrás existe un equipo de veterinarios, biólogos, cuidadores y personal de mantenimiento que debe responder los 365 días del año. Medina ha insistido en que ningún nacimiento ocurre por casualidad: un ejemplar mal alimentado, estresado o enfermo simplemente no se reproduce. Por eso buena parte de la inversión se ha dirigido a mejorar albergues, diseñar dietas específicas, incorporar programas de enriquecimiento ambiental y capacitar continuamente al personal técnico.

Existe además otro desafío que rara vez forma parte de la conversación pública. A diferencia de muchas dependencias gubernamentales, el Zoológico de Morelia depende en gran medida de los ingresos que genera por sus propios visitantes. La taquilla no solo mantiene parte de la operación cotidiana; también financia proyectos de rehabilitación, nuevas áreas, mantenimiento de instalaciones e incluso obras futuras como el crematorio para manejo sanitario de ejemplares. En los últimos años se invirtieron más de 7 millones de pesos en espacios que llevaban más de tres décadas sin recibir intervenciones importantes, una recuperación que ha buscado apoyarse también en universidades, iniciativa privada y organizaciones civiles.

A ello se suman factores que ningún director puede controlar. El turismo fluctúa con la economía, la percepción de seguridad influye en la llegada de visitantes y los costos de alimentación y atención veterinaria continúan aumentando. Sin embargo, los animales siguen necesitando alimento todos los días, los recintos requieren mantenimiento permanente y cada rescate obliga a reorganizar espacios y recursos. Es una institución que difícilmente puede detener operaciones o esperar a que lleguen mejores condiciones.

Quizá por eso el trabajo de un director de zoológico se mide de manera distinta. No por la cantidad de entrevistas que concede ni por la frecuencia con la que aparece en redes sociales, sino por la capacidad de mantener funcionando una institución donde conviven más de dos mil animales, cientos de especies y programas de conservación que toman años en dar resultados.

Como toda institución viva, el Zoológico de Morelia sigue teniendo objetivos por delante. La renovación de más espacios, el fortalecimiento de programas de conservación, la atención de fauna rescatada y el crecimiento de su oferta educativa forman parte de una agenda que no se agota con los resultados alcanzados hasta ahora. Son metas que requieren tiempo, recursos y continuidad.

Cuando un visitante observa una jirafa nacida en Morelia, un antílope en recuperación o una especie que logró reproducirse después de décadas, normalmente solo ve el resultado final. Detrás hay decisiones técnicas, gestión de recursos y un equipo entero coordinado por un director cuyo nombre sigue siendo poco conocido para la mayoría de los morelianos.

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