El cierre de uno de los capítulos más dolorosos y prolongados en la historia del sindicalismo mexicano se ha concretado con el acuerdo para finalizar la huelga en la mina de Cananea, Sonora. Tras más de 18 años de resistencia, los integrantes de la Sección 65 del Sindicato Nacional Minero alcanzaron un consenso para resolver el conflicto laboral con Grupo México, la empresa encabezada por Germán Larrea. Este pacto no solo representa el fin de un paro legal, sino el reconocimiento al sacrificio de cientos de familias que enfrentaron precariedad económica y persecución desde que se colocaron las banderas rojinegras aquel 30 de julio de 2007.
El conflicto, que estalló durante el sexenio de Felipe Calderón, tuvo como detonante las denuncias por pésimas condiciones de seguridad e higiene y violaciones sistemáticas al Contrato Colectivo de Trabajo. Durante casi dos décadas, los mineros mantuvieron su postura a pesar de los intentos de desalojo y la descalificación de su movimiento. El sindicato destacó que la lucha fue impulsada por la convicción de lograr condiciones justas, honrando la memoria de aquellos compañeros que fallecieron sin ver la resolución del conflicto por el que entregaron sus últimos años de vida.
Un acuerdo con impacto humano y reparador
El beneficio de este acuerdo alcanzará a 650 mineros, una cifra que incluye de manera póstuma a 52 trabajadores que perdieron la vida durante los 18 años de huelga. Para las familias de estos fallecidos, el pacto significa una reparación necesaria que asegura los derechos que les fueron negados por tanto tiempo. La resolución de este caso en Cananea es vista por especialistas laborales como un precedente fundamental en la relación entre el Estado, los sindicatos y las grandes corporaciones mineras, demostrando que la persistencia legal puede derivar en soluciones justas incluso frente a los poderes económicos más grandes del país.
La normalización de las actividades en la mina y la restitución de derechos laborales marcan una nueva etapa para la economía de Sonora. La comunidad de Cananea, cuya identidad está intrínsecamente ligada a la minería desde la histórica huelga de 1906, experimenta un alivio social que trasciende lo económico. Con este acuerdo, se busca cerrar las heridas abiertas por la falta de diálogo, permitiendo que la producción minera se retome bajo una vigilancia más estrecha de las normas de seguridad y el respeto a la dignidad del trabajador, pilares que fueron el motor de esta lucha de casi dos décadas.