La fijación colectiva de propósitos: ¿Un camino hacia el fracaso?
evangelio | 12 enero, 2025

Cada inicio de año, millones de personas se lanzan a la aventura de los propósitos de año nuevo; sin embargo, la realidad es que solo el 20 % de quienes establecen estos objetivos logran mantenerlos a largo plazo.

¿Por qué nuestra cultura está tan obsesionada con esa práctica?

Según Wendy Wood, psicóloga conductual de la Universidad del Sur de California, no hay evidencia que respalde la idea de que comenzar en enero, octubre o cualquier otro mes aumente las probabilidades de éxito en la formación de nuevos hábitos.

Los rituales colectivos de Año Nuevo son atractivos, ya que satisfacen nuestras necesidades sociales y de pertenencia.

La neurocientífica Selena Bartlett explica que esos “hitos temporales” nos permiten dividir el pasado del futuro, proporcionando motivación externa y un sentido de comunidad.

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Sin embargo, ese enfoque también tiene su lado oscuro: si un compañero de progreso se desmotiva, la probabilidad de que tú también lo hagas aumenta.

Para tener éxito en el establecimiento de nuevos hábitos, es importante encontrar razones profundas y significativas para el cambio, más allá de las convenciones sociales.

Los “puntos de inflexión”, como un susto de salud o cambios en la vida, suelen ser más efectivos, y la acción inmediata tras sentir motivación es clave, ya que los viejos hábitos pueden interponerse en el camino.

Para construir un nuevo hábito, se recomienda establecer metas pequeñas y específicas. El “apilamiento de hábitos”, que consiste en asociar una nueva actividad con una ya existente, puede facilitar el proceso.

Además, combinar el nuevo hábito con algo placentero, como hacer ejercicio mientras escuchas un podcast, puede hacerlo más sostenible.

Aunque la presión social puede incentivar nuestra voluntad de cambiar, prestar atención a nuestras motivaciones internas y adoptar estrategias efectivas, es fundamental para que nuestros esfuerzos perduren más allá de las primeras semanas del año.

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